Posesión versus acceso

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Una nueva forma de experimentación también está en el mercado de la música: lo virtual contra lo físico. ¿Ya te has adaptado?

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Si tú, que estás leyendo este artículo, ahora tienes menos de 28 años tal vez no sepas que la mayor fuente de ingresos de los músicos era la participación en la venta de sus discos. La hegemonía de las grabadoras era, en parte, consecuencia de un elevado costo de producción, exigiendo equipamiento y espacios caros en los estudios de grabación, y en parte resultado de una gran capacidad de distribución de los discos, una capilaridad que les permitía hablar alto con los artistas y retener una gran porción de las ganancias sobre la venta.

El consumo de música por Internet — al inicio de forma ilegal — generó una gran reducción en el volumen de ventas, disminuyendo drásticamente los ingresos de grabadoras y artistas.
Eso provocó una ola de emprendimiento entre los artistas, que comenzaron a crear sus propias grabadoras y trabajar canales alternativos de distribución, como puestos de periódicos, por ejemplo.

Y, finalmente, empresas como Apple, que nada tenían de vínculo con la música, comenzaron a entrar pesado en ese segmento, transformando la forma en la cual consumimos música y entretenimiento. Este movimiento nos llevó hacia las plataformas de streaming, como Spotify y Deezer, inclusive hasta Netflix. Todo eso en 20 años. ¡Es muy poco tiempo para tanta transformación!
¿Música en tu memoria u online?

La tecnología hoy permite que grabes un bello disco en tu casa, usando solamente un computador. Aunque no quieras venderlo o solamente lo ofrezcas de forma virtual, donde el consumidor compra el derecho de bajar tus canciones. O, inclusive, en la forma más contemporánea, puede comprar el derecho de oír tu música, no necesariamente de bajarla.

Posesión versus acceso es el nuevo paradigma. Hoy tus consumidores — al igual que tú, lector con menos de 28 años — prefieren invertir su dinero en experiencias, en acceso en vez de posesión. Por ejemplo, en vez de tener un carro, prefieren tener acceso a la locomoción, sea llamando un taxi o Uber por aplicaciones, sea utilizando un sitio de viajes gratuitos.

También prefieren el derecho de oír música en vez de comprar el disco, sea en vivo en un show o por la plataforma de streaming. Pero no aceptan que el artista no tenga un canal en Vimeo, YouTube, Spotify o Deezer para divulgar su trabajo. Y aquí existe una prueba más del cambio: esas plataformas substituyeron la capilaridad física, gran pez gordo de las grabadoras, por la capilaridad digital.

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Y entonces la situación se vuelve más compleja: por tener acceso a todo eso, ellos quieren siempre más novedades. Y si no se las ofreces, ellos naturalmente, sin ningún cargo de conciencia, salen en búsqueda de cosas nuevas. Consumo y relación en ciclos cortos e intensos. Ésa es la receta.

La gran buena noticia es que tú, empresario del ramo de la música y del entretenimiento, teniendo una tienda, estudio, casa de espectáculos o cualquier otro tipo de negocio en el medio de esa cadena, tienes muchas más chances de impactar y atraer a esos nuevos consumidores.

Y no sirve de nada luchar contra la novedad. Aprende a beneficiarte del nuevo panorama. Él está lleno de grandes oportunidades para quien consiga verlas y tenga coraje de cambiar. ¡Una vez más!

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