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3 nuevos pedales de Behringer enfocados en la experimentación sonora
Flange With No Name, BM-17 Frequency Box y Ring Stinger amplían el catálogo con efectos orientados a la exploración creativa y el diseño de sonido.
Behringer anunció el lanzamiento de tres nuevos pedales dirigidos a músicos que buscan salir de los sonidos tradicionales y explorar territorios más experimentales: Flange With No Name, BM-17 Frequency Box y Ring Stinger.
La propuesta común entre los tres modelos es clara: ofrecer herramientas históricamente asociadas a pedales boutique o equipos de nicho, ahora en formatos más accesibles y orientados tanto a guitarristas como a productores y usuarios híbridos entre guitarra y síntesis.
Flange With No Name: modulación con estética noventera
El Flange With No Name recupera el carácter de los flangers boutique de los años 90, conocidos por su uso en escenas experimentales y alternativas.
Más que un efecto de modulación tradicional, el pedal busca funcionar como una “caja de texturas”, permitiendo desde movimientos sutiles hasta barridos extremos y sonidos metálicos.
Para qué sirve en la práctica:
- crear atmósferas en guitarras ambientales
- diseño sonoro en producción electrónica
- efectos psicodélicos o shoegaze
- capas en estudio y postproducción
La intención no es emular un chorus limpio, sino ofrecer un efecto con personalidad marcada y comportamiento orgánico.

BM-17 Frequency Box: cuando un pedal se convierte en sintetizador
El BM-17 Frequency Box es probablemente el más atípico del trío. Funciona como un VCO (oscilador controlado por voltaje) independiente que puede operar por sí solo o reaccionar a la señal entrante.
Esto lo acerca más al mundo modular que al pedalboard tradicional.
Aplicaciones reales:
- generar drones y tonos sintéticos
- integrar guitarras con setups de sintetizadores
- crear efectos experimentales en directo
- sound design para cine o producción electrónica
El pedal permite transformar una señal instrumental en una fuente sonora completamente distinta, algo poco habitual en pedales convencionales.

Ring Stinger: ring modulation con fuzz integrado
El Ring Stinger revive un pedal boutique de culto de los años 90 combinando ring modulator y fuzz en una misma unidad.
El resultado son sonidos metálicos, armónicos impredecibles y texturas agresivas muy utilizadas en rock experimental, noise y música alternativa. La combinación de ambos circuitos permite pasar de distorsiones densas a sonidos casi sintetizados.
Dónde puede destacar:
- riffs experimentales
- música alternativa y shoegaze
- efectos industriales
- creación de paisajes sonoros poco convencionales

Una tendencia clara: pedales como herramientas creativas
Más que ampliar opciones tradicionales de overdrive o delay, estos lanzamientos reflejan una tendencia creciente: el pedal como instrumento creativo en sí mismo.
Cada uno apunta a perfiles distintos —guitarristas exploradores, productores híbridos y diseñadores de sonido— mostrando cómo el mercado actual busca ampliar el lenguaje sonoro más allá de los efectos clásicos.
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Cort KX500 Baritone apuesta por una escala larga para afinaciones graves
La nueva guitarra combina escala de 28,03”, pickups Seymour Duncan y cuerdas de mayor calibre para preservar tensión y definición en registros bajo.
Afinar una guitarra en registros más graves puede comprometer la tensión de las cuerdas y la definición de las notas. Cort desarrolló la KX500 Baritone precisamente para este tipo de aplicación, combinando una escala de 28,03 pulgadas (712 mm), encordado .014–.068 y pickups Seymour Duncan Sentient y Nazgûl.
Integrante de la serie KX, el modelo está dirigido principalmente a guitarristas de metal moderno, progressive y otros estilos que utilizan drop tunings y necesitan mantener articulación en riffs, acordes y pasajes de alta ganancia.
Escala larga para mayor tensión
El principal diferencial de la KX500 Baritone está en su escala de 28,03”. La mayor longitud busca proporcionar la tensión necesaria cuando se baja la afinación, evitando una respuesta excesivamente floja de las cuerdas.
La guitarra viene de fábrica con cuerdas D’Addario EXL157 (.014–.068).
El cuerpo está construido en okoume, con chapa de English Walnut en la tapa y acabado Matte Natural Black Burst de poro abierto. El mástil atornillado utiliza cinco piezas de roasted maple y walnut, con perfil en “D”.
El diapasón de Macassar Ebony tiene radio de 15,75”, 24 trastes jumbo de acero inoxidable y marcadores laterales luminosos para facilitar la visualización en ambientes con poca luz.
Seymour Duncan Sentient y Nazgûl
En la parte electrónica, Cort eligió la combinación de humbuckers Seymour Duncan Sentient y Nazgûl, orientada a aplicaciones que van desde sonidos limpios hasta configuraciones de alta ganancia.
Los controles incluyen volumen, selector de tres posiciones y tono con push/pull para coil-split, ampliando las posibilidades tímbricas sin recurrir a una configuración compleja.
La estabilidad se complementa con un nuevo puente Cort hardtail con construcción string-through-body, clavijas Cort Locking Tuners y cejuela Graph Tech Black TUSQ.
Más que simplemente ampliar la serie KX, la KX500 Baritone ocupa una aplicación específica: músicos que quieren explorar afinaciones más bajas sin depender únicamente de cuerdas más pesadas en una guitarra de escala convencional.
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UJAM NEON combina batería electrónica y ejecución humana para acelerar producciones
El nuevo Virtual Drummer apunta a productores de pop, disco y música electrónica que buscan el impacto de sonidos procesados sin programar desde cero cada interpretación.
Conseguir una batería convincente dentro de una producción puede convertirse en uno de los procesos más complejos de una canción. Grabarla de forma tradicional requiere músico, instrumento, micrófonos, sala y procesamiento; programarla completamente dentro del DAW elimina parte de esa estructura, pero puede exigir tiempo para conseguir una interpretación que no resulte mecánica.
Con Virtual Drummer NEON, UJAM propone un punto intermedio: combinar el impacto y la precisión asociados con las baterías electrónicas con grooves basados en la interpretación de un baterista.
El nuevo instrumento virtual está orientado principalmente a producciones de pop, nu disco, synth-pop, synthwave, funk y dance.
Un punto de partida, no una batería cerrada
La propuesta de NEON no consiste solamente en ofrecer loops terminados. El software incluye cinco kits de batería personalizables y cientos de grooves, que pueden utilizarse como punto de partida y posteriormente modificarse.
Los patrones MIDI pueden arrastrarse al DAW para continuar la edición, lo que permite cambiar estructura, notas y otros elementos de la interpretación según las necesidades de cada canción.
Para Nate Williams, director musical detrás de NEON y colaborador de artistas como Jamiroquai y Steve Winwood, el instrumento parte del sonido del disco moderno, aunque sus grooves y mezclas también pueden llevarse hacia estilos como rock y hip-hop.
De una batería natural a un sonido más producido
Una de las nuevas funciones es Glam, un control destinado a desplazar el carácter de la batería desde una interpretación más acústica hacia un resultado más procesado y contundente, cercano al utilizado en producciones contemporáneas.
NEON también incorpora presets de mezcla y controles para modificar el sonido, de modo que el productor puede partir de una interpretación preparada sin quedar limitado al resultado original.
Esta combinación responde a una situación habitual en la producción actual: utilizar la dinámica de una ejecución humana, pero con el control y el impacto que normalmente se obtienen mediante programación, edición y procesamiento.
Para quién puede resultar útil
NEON está pensado especialmente para compositores y productores que necesitan construir rápidamente una base rítmica sin disponer de una sesión de batería completa o sin comenzar cada groove desde cero.
No sustituye necesariamente el trabajo detallado de programación ni una grabación acústica cuando estos son parte central de la producción. Su propuesta está en otro punto: reducir el tiempo necesario para llegar a una batería utilizable y mantener posibilidades de edición posteriores.
Virtual Drummer NEON funciona en formatos VST2, VST3, AU2 y AAX y es compatible con macOS y Windows.
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Cuando el software pasa a vender el hardware
Interfaces, controladores y equipos digitales llegan acompañados de plugins, aplicaciones y ecosistemas. En algunas categorías, comparar solamente entradas, salidas y controles ya no explica completamente el valor del producto.
Dos interfaces tienen dos entradas.
Ambas graban en alta resolución.
Las dos tienen salida para auriculares, alimentación phantom y conexión USB.
Una cuesta más.
¿Cuál ofrece más valor?
Hace algunos años, la respuesta probablemente comenzaría por los preamplificadores, conversores, construcción y especificaciones.
Esos elementos siguen siendo importantes.
Pero existe otra capa que pesa cada vez más en la decisión:
¿qué ocurre después de conectar el hardware a la computadora?
Plugins, instrumentos virtuales, aplicaciones de control, DAWs, bibliotecas de sonidos e integración con otros equipos están transformando el software en parte de la propuesta comercial del hardware.
La caja dejó de contener solamente lo que está dentro de ella
Arturia MiniFuse 2 ofrece un ejemplo sencillo.
Además de la interfaz física, el usuario registrado recibe licencias de software, incluyendo Analog Lab Intro y efectos de la propia Arturia. La instalación y gestión de esas licencias se realiza mediante Arturia Software Center.
El mismo principio aparece en los controladores.
MiniLab 3, por ejemplo, está acompañado por software que incluye Analog Lab Intro, Ableton Live Lite y un instrumento virtual de Native Instruments.
Esto significa que dos productos físicamente comparables pueden ofrecer experiencias bastante diferentes después de la compra.
El hardware puede ser la puerta de entrada.
El ecosistema ayuda a determinar qué podrá hacer el usuario después de abrir la caja.
Para el principiante, esto puede valer más que una especificación
Imaginemos a alguien montando su primer home studio.
No tiene DAW.
No tiene plugins.
No posee instrumentos virtuales.
Quizá ni siquiera sabe exactamente qué software necesitará.
En ese caso, una interfaz acompañada de herramientas para comenzar a grabar puede resolver un problema mayor que una pequeña diferencia en determinada especificación técnica.
Esto también cambia la forma de vender.
En lugar de preguntar solamente:
“¿Qué interfaz tiene el mejor preamplificador?”
Quizá sea necesario preguntar:
“¿Qué podrá hacer este cliente el primer día?”
El software reduce la distancia entre compra y uso
Este punto tiene una implicación comercial.
Cuantas más etapas existan entre comprar y conseguir utilizar un producto, mayor puede ser la posibilidad de frustración.
Instalar drivers.
Elegir una DAW.
Buscar plugins.
Configurar instrumentos virtuales.
Entender el ruteo.
Crear una cuenta.
Activar licencias.
Cuando fabricante y tienda consiguen reducir parte de esa complejidad, el valor percibido de la solución puede aumentar.
En este escenario, la facilidad para comenzar también se convierte en una característica del producto.
Pero un bundle grande no significa necesariamente valor
Existe una trampa.
Incluir veinte programas con un producto no significa que el consumidor vaya a utilizar veinte programas.
Algunos bundles contienen versiones reducidas, licencias temporales o productos que no tienen sentido para determinado perfil de usuario.
Por lo tanto, contar la cantidad de plugins puede ser tan poco informativo como contar la cantidad de botones.
La pregunta más útil es:
¿ese software resuelve algo relevante para quien está comprando el hardware?
Para un principiante, una DAW sencilla y algunos instrumentos pueden tener un valor considerable.
Para un profesional que ya posee su entorno de producción, quizá tengan muy poco.
El software también puede generar fidelización
Cuando hardware y software trabajan de forma integrada, aparece otro fenómeno.
El usuario aprende determinado flujo.
Crea proyectos.
Organiza presets.
Compra expansiones.
Agrega otros equipos compatibles.
La siguiente compra deja de analizarse de manera aislada.
Empieza a considerar todo lo que el consumidor ya construyó dentro de ese entorno.
Es la lógica del ecosistema entrando en el mercado de equipamiento musical.
Para los fabricantes, puede aumentar la retención.
Para los competidores, aumenta la barrera de entrada.
Y para el consumidor, ofrece comodidad, pero también puede elevar el costo de cambiar de plataforma.
La especificación física sigue siendo importante
Nada de esto significa que el software transforme un hardware mediocre en un equipo profesional.
Latencia, estabilidad, preamplificación, conversión, construcción, conectividad y ergonomía continúan siendo criterios objetivos.
El cambio es otro:
la especificación física ya no cuenta toda la historia.
En algunas categorías, la experiencia total pasa a estar formada por:
hardware + software + integración + soporte + actualizaciones.
Ese conjunto es lo que efectivamente compra el usuario.
Esto cambia la comparación en la tienda
Para el retail existe una oportunidad.
En lugar de colocar dos interfaces lado a lado y comparar solamente:
- entradas;
- salidas;
- resolución;
- preamplificadores;
- precio;
la comparación puede agregar:
- software incluido;
- tipo de licencia;
- integración;
- aplicación de control;
- facilidad de configuración;
- posibilidad de expansión;
- política de actualizaciones.
El vendedor deja de comparar solamente cajas.
Pasa a comparar experiencias de uso.
El nuevo valor puede estar fuera de la caja
A medida que instrumentos y equipos musicales se vuelven más digitales, la frontera entre producto y servicio se hace menos evidente.
Una interfaz también puede ser una puerta de entrada a plugins.
Un controlador puede ser una superficie física para un entorno de producción.
Un mixer puede depender de una aplicación para ofrecer una parte importante de su operación.
Un instrumento digital puede recibir nuevas funciones mediante software.
Esto genera un cambio para toda la cadena.
Los fabricantes necesitan pensar más allá del lanzamiento.
Los distribuidores necesitan comprender los ecosistemas.
Las tiendas necesitan saber demostrarlos.
Y los consumidores necesitan comenzar a preguntar no solamente:
“¿Qué tiene este equipo?”
Sino también:
“¿Qué puedo hacer con él después de conectarlo?”
Cómo comparar hardware + software
Al colocar dos productos competidores lado a lado, observa:
- ¿Qué está incluido de forma permanente?
- ¿Existen licencias temporales o suscripciones?
- ¿En qué sistemas funciona el software?
- ¿La instalación es sencilla?
- ¿Existe una integración real con el hardware?
- ¿El fabricante mantiene actualizaciones?
- ¿El software aporta valor para ese perfil de usuario?
Acción para el mercado: selecciona una categoría —interfaces o controladores, por ejemplo— y rehace la comparación de productos incluyendo una columna llamada “ecosistema”. Quizá la diferencia entre dos equipos esté menos en la ficha técnica de lo que parece.
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