Gestión
CONSEJOS DE LA TIENDA: Cómo organizar los instrumentos dentro de su tienda
El viejo refrán es claro: “Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar” y con esta sencilla regla deberíamos guiarnos para organizar los instrumentos dentro de la tienda, pero como no siempre lo sencillo es fácil de efectuar, he aquí unos tips para no perder el orden en su empresa
Por Mauricio Tadeo Vélez Gil*
Lo primero que se me viene a la mente es que una tienda musical, por pequeña que sea, tiene al menos un centenar de productos, empezando por los pequeños como las picks o púas, las cuerdas, los encordados, los repuestos en general. Luego, pasamos a los artículos medianos como las guitarras, los bajos, las trompetas, entre otros, hasta llegar a los gigantes y complejos como lo son las baterías, los pianos, las tumbadoras y en general todo aquello que es imposible de cargar con sólo dos manos, y es entonces, cuando a razón de ese centenar o millar de productos, que se nos complica el orden; pero recuerda nunca debes perder la paciencia y tener claro que todo debe estar en perfecta ARMONÍA (Tip #1).
Ante todo, el orden
Todo entra por los ojos, no existe nada más agradable que ingresar a una tienda y, sin necesidad de que un vendedor nos esté acompañando, poder mirar y entender lo que sucede, reconocer todos los artículos y sentir que mientras más observas, más ganas te dan de adentrarte en la tienda.
Crear un ambiente placentero y armonioso a la vista es uno de los primeros pasos para cerrar una venta y que no se nos pierdan ventas porque los clientes que sólo entraron a “mirar” terminaron con un serio dolor de cabeza por la complejidad del desorden y la contaminación visual que causaron nuestros artículos, que en vez de estar exhibidos parecieran estar puestos o tirados en el primer lugar que se encontró.
Para lograr esta armonía, debemos tener en cuenta varias cosas. Lo primero es que los artículos deben estar con sus semejantes y con sus complementos, es decir, si un cliente entra buscando un cable que todos estén en un mismo lugar, que no tenga que recorrer toda la tienda y registrar cada rincón para encontrar el que él necesita. De igual forma deben estar todos mirando hacia el frente, es decir, con la cara principal que lo identifica al público y de ser posible debidamente rotulados (con su precio). Aparte de esto deben tener algún orden lógico, es decir, exhibidos por marca o por precio o por utilidad, estos serían sus semejantes, mantenerlos todos juntos y organizados. Ahora para el caso de los complementos, por ejemplo, si un cliente viene en busca de una guitarra eléctrica, ten a mano cables, correas, amplificadores y todo lo que pueda complementar la venta.
Venta con adiciones
Recuerda que un buen vendedor es aquel que es capaz de vender no sólo lo que viene en la mente del consumidor sino integrarlo con cosas que en algunos casos incluso son básicas necesidades. ¿Cómo no van a aumentar las ventas y por ende los sueldos si el cliente que viene buscando una cuerda compra de una vez un rebobinador (debanador), un kit de limpieza y cualquier otra cantidad de artículos que se te vengan a la cabeza y sean necesarios a la hora de tocar un instrumento? Y no te quedes en lo esencial, si tu cliente necesita una guitarra lo normal es ofrecerle un estuche pero por qué no ofrecerle un stand (base) y una correa y un set de cuerdas y un kit de limpieza y un método de estudio o DVD o CD y un apoyapié y un set de picks y un portapicks y en general tantas cosas como se te ocurran para lograr una excelente venta y un cliente satisfecho porque no sólo le supliste su necesidad básica sino por haberle superado sus expectativas de compra y recuerda: hay que ser recursivo y salirse del paradigma. Si vienen por una guitarra no te quedes sólo en lo relacionado con este instrumento sino ¿por qué no ofrecerle un micrófono ya que tan pronto se inicie y se entusiasme a tocar seguramente lo necesitará para poder cantar?
La limpieza es importante
Por otro lado y luego de haber entendido el concepto de la armonía y lo que esto conlleva debemos seguir con la LIMPIEZA (Tip # 2) ya que no sólo basta con tener armonía para que los artículos se vendan “solos”. Debes tener en cuenta que todo debe estar impecable, deben relucir desde los instrumentos, los exhibidores, las instalaciones y hasta los mismos vendedores.
Ponte en el lugar de tu cliente y piensa que viene con toda la intención de invertir su dinero para comprar un instrumento, por decir un teclado – ¿Cuánto esfuerzo y trabajo requiere tener todo ese dinero junto? – y tan pronto se lo enseñes y lo ensayes – ya que producto que no se ensaya, no se vende – y toques las teclas quedes lleno de polvo o suciedad; como lo dije anteriormente la pulcritud debe ser fundamental para toda la empresa. El ambiente aseado genera tranquilidad y da un aire de higiene que mantiene una mente tranquila y esto causa que los clientes tomen su tiempo para realizar una compra más completa y no salgan corriendo al primer síntoma de suciedad o desaseo de la tienda. Vuelvo a repetir, todo entra por los ojos.
Un poco de movimiento
Ya vimos que todo limpio y que cada cosa en su lugar puede ser generador de un mayor número de ventas. Ahora hay que pensar en la ROTACIÓN (Tip # 3), con este tip hay que tener en cuenta, primero, que es necesario el movimiento de la mercancía en la tienda – la dinámica de los elementos genera más dinámica. Si estás habituado a que todos los productos tienen su puesto estático en la tienda y nunca los mueves por más armónicos y limpios que estén, generarás que siempre todo se vea igual y con el pasar del tiempo todo parezca monótono.
Los clientes no verán las novedades, los empleados con el pasar de los meses se sentirán aburridos porque no se percibe el cambio y el estancamiento generará obstrucción y con esto sentirán que todo es igual y que nada cambiará en el futuro; es por esto que es necesario que la mercancía rote dentro de la tienda. A parte de imprimirle energía a la empresa, nos servirá por ejemplo para vender algunos productos con baja rotación, pues se aprovechan los cambios y se sacan promociones especiales o se arman combos y se ponen en lugares específicos por donde todo el que entre a la tienda los vea. Lo único que te debe preocupar cuando realices los cambios es que hay que ser cuidadosos ya que la mayoría de los instrumentos son delicados y merecen ser tratados de esa forma.
Consejo final
Luego te recomiendo ESTANDARIZAR (Tip # 4). Para explicar este punto retomemos el caso de los cables. Cuando tengas definida la sección donde exhibirás los cables, ten un número definido de artículos a exhibir, es decir, sólo pon de a tres o de a cinco o el número que definas del mismo ítem. Esto creará un efecto de ecuanimidad y ese equilibrio hará que las cosas se vean parejas.
Por otro lado, si por ejemplo vas a exhibir las picks en organizadores, trata de que todos ellos sean estándares. No uses un recipiente grande, dos pequeños y cuatro medianos, usa el mismo modelo para todas las picks y para todos los productos. Te recomiendo para las cosas pequeñas usar organizadores y mantenerlas en vitrina. Recuerda que la seguridad es importante y para disminuir el hurto o el daño de los instrumentos es bueno tener bajo llave lo pequeño y delicado, y al alcance del público sólo lo elemental. Con esto mejorarás la seguridad y disminuirás el daño de la mercancía por la mala manipulación.
Finalmente, recuerda que con un poco de armonía una buena limpieza, conservando un estándar y rotando la mercancía puedes crear un sistema de orden en la empresa y de esta forma lograr mantener un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.
*Es ingeniero y jefe de operaciones en el Timbal Instrumentos Musicales & Wave Sound Audio E Iluminación Profesional, con base en Cúcuta, Colombia. Www.eltimbal.net / www.wavesoundstore.com. E-mail: mauriciovelezgil@hotmail.com
Gestión
El inventario que no se vende también cuesta dinero: cuánto stock debería tener una tienda
Una tienda llena puede transmitir variedad, pero también puede esconder capital inmovilizado, baja rotación y decisiones de compra que afectan directamente la caja.
En una tienda de instrumentos musicales, tener producto disponible es parte del negocio. El cliente quiere probar una guitarra, comparar dos interfaces, escuchar monitores o llevarse un cable sin esperar una semana.
El problema aparece cuando “tener stock” se convierte en “acumular stock”.
Una tienda puede parecer saludable porque está llena de productos y, al mismo tiempo, tener una parte importante de su capital detenida en instrumentos, accesorios y equipos que tardarán meses —o años— en convertirse nuevamente en dinero.
La pregunta, por lo tanto, no debería ser solamente cuánto inventario tiene una tienda.
La pregunta correcta es: ¿cuánto de ese inventario realmente trabaja para el negocio?
Stock no es lo mismo que disponibilidad
Hay categorías en las que la disponibilidad inmediata es fundamental.
Cuerdas, cables, baquetas, afinadores, accesorios, productos de mantenimiento y determinados modelos de alta rotación pierden gran parte de su atractivo si el cliente debe esperar varios días para recibirlos.
Pero la lógica cambia en productos de ticket más alto o demanda menos frecuente.
¿Es necesario tener cinco unidades prácticamente idénticas de una guitarra premium?
¿Hace sentido mantener varios modelos de una interfaz cuya demanda mensual es muy baja?
¿Un amplificador que lleva 14 meses en exposición sigue siendo inventario o ya debería ser tratado como capital inmovilizado?
Aquí aparece una distinción importante: profundidad de stock y amplitud de catálogo no son la misma cosa.
Una tienda puede ofrecer gran variedad sin necesariamente almacenar grandes cantidades de cada referencia.
El costo invisible del producto parado
Cuando una tienda compra un producto, no gasta solamente el valor de adquisición.
Ese dinero deja de estar disponible para pagar salarios, alquiler, marketing, impuestos, reposiciones de mayor rotación o nuevas oportunidades de compra.
Además, el producto parado ocupa espacio físico.
Y, dependiendo de la categoría, puede perder atractivo comercial con el paso del tiempo.
Un modelo puede ser sustituido por una nueva generación. Una marca puede cambiar su política comercial. Puede aparecer una promoción del distribuidor. El mercado puede cambiar de preferencia.
En ese momento, lo que parecía un activo empieza a exigir descuentos para salir.
Por eso, la rentabilidad de un producto no depende solamente de cuánto margen genera cuando finalmente es vendido.
También depende de cuánto tiempo fue necesario para generar ese margen.
Dos productos con el mismo margen pueden ser negocios completamente diferentes
Imagine dos productos que dejan una ganancia bruta de 200 dólares cada uno.
El primero se vende seis veces durante el año.
El segundo se vende una vez.
Desde el punto de vista del margen por unidad, parecen iguales.
Desde la perspectiva del uso del capital, no lo son.
El primero devuelve el dinero a la caja varias veces. El segundo mantiene el mismo capital detenido durante meses.
Este es el principio detrás de la rotación de inventario: no basta con saber cuánto se gana en cada venta. También importa cuántas veces el capital utilizado para comprar ese producto vuelve a circular.
No todo debe rotar a la misma velocidad
Una tienda de instrumentos no es un supermercado.
Hay productos que cumplen otras funciones además de vender rápidamente.
Una guitarra de alto nivel puede ayudar a posicionar la tienda. Un sintetizador determinado puede atraer músicos que después compran otros productos. Un monitor premium puede funcionar como referencia durante una demostración.
Por eso sería un error exigir el mismo índice de rotación a todas las categorías.
La cuestión es saber por qué ese producto está allí.
Si tiene baja rotación, pero atrae público, ayuda a vender otras categorías o posiciona la tienda, puede existir una razón comercial válida.
Si simplemente permanece porque “algún día alguien lo comprará”, el argumento ya es más débil.
La curva ABC puede revelar sorpresas
Una herramienta sencilla consiste en dividir el inventario según su contribución al negocio.
Los productos A representan una parte pequeña del catálogo, pero generan una gran proporción de las ventas o del margen.
Los B tienen importancia intermedia.
Los C representan muchas referencias, pero contribuyen poco al resultado.
El ejercicio suele revelar una realidad incómoda: muchas empresas dedican tiempo, dinero y espacio a cientos de productos con impacto mínimo mientras corren riesgo de quedarse sin aquellos que realmente sostienen el negocio.
Eso no significa eliminar toda la categoría C.
Significa gestionarla conscientemente.
El problema de comprar porque el descuento parece bueno
Otro punto frecuente aparece en las negociaciones con proveedores.
“Si compras diez, el precio mejora.”
Puede ser una excelente oportunidad.
O puede ser una forma barata de comprar inventario caro.
Si una tienda normalmente vende dos unidades al mes, comprar diez puede tener sentido.
Si vende dos al año, el descuento obtenido probablemente no compense el tiempo que el capital permanecerá inmovilizado.
El verdadero cálculo no es solamente:
¿cuánto descuento voy a obtener?
También debería ser:
¿cuánto tiempo tardaré en recuperar ese dinero?
El inventario debería responder a una estrategia
Una política de stock saludable debería diferenciar al menos cuatro grupos:
productos que nunca deberían faltar; productos que necesitan demostración física; productos que pueden trabajar con pocas unidades; y productos que pueden venderse bajo pedido.
Esa clasificación será diferente para cada tienda.
Una operación especializada en guitarras tendrá una lógica distinta a una empresa enfocada en audio profesional, teclados o producción musical.
Pero el principio es el mismo.
El inventario debe existir por una razón comercial, no simplemente porque hay espacio en la pared.
Al final del mes, una tienda debería mirar algo más que facturación y margen.
También debería preguntarse:
¿Cuánto dinero tenemos parado?
¿Cuánto tiempo lleva cada producto sin venderse?
¿Qué categorías devuelven el capital más rápido?
¿Dónde estamos comprando por hábito y no por demanda?
Una tienda llena puede ser visualmente atractiva.
Una tienda con el inventario correcto es financieramente más saludable.
Distribución
Por qué una marca puede cambiar de distribuidor aunque las ventas no sean malas
Facturación sigue siendo importante, pero cobertura, posicionamiento, información, soporte y capacidad de desarrollar el mercado pesan cada vez más en una representación.
Cuando una marca internacional sustituye a su distribuidor, la primera explicación suele ser inmediata: “no estaba vendiendo”.
A veces es cierto.
Pero no siempre.
Una empresa puede alcanzar números razonables y aun así perder una representación.
La razón es que un fabricante no evalúa solamente cuánto producto salió del almacén. También observa qué está ocurriendo con la marca dentro del mercado.
¿Está creciendo?
¿Está presente en los clientes correctos?
¿Los productos estratégicos reciben atención?
¿Los dealers están capacitados?
¿Existe stock?
¿Hay servicio?
¿El distribuidor comparte información?
¿La marca está construyendo futuro o simplemente facturando el presente?
Vender no significa necesariamente desarrollar una marca
Un distribuidor puede alcanzar una meta comprando grandes cantidades y concentrándolas en pocos clientes.
Para el fabricante, eso puede resolver el trimestre.
Pero quizá no construya mercado.
Hay una diferencia importante entre distribuir producto y desarrollar una marca.
Desarrollar implica abrir cuentas relevantes, identificar segmentos, capacitar vendedores, generar demostraciones, posicionar novedades, trabajar con artistas o especificadores cuando corresponde, invertir en comunicación y conseguir que el producto sea considerado incluso antes de que exista una venta.
Ese trabajo no siempre aparece inmediatamente en una planilla de facturación.
Pero puede determinar lo que ocurrirá dos años después.
El fabricante también mira dónde se vende
No todos los dealers tienen el mismo valor estratégico.
Una marca puede tener buenas ventas y, aun así, considerar insuficiente su presencia en determinadas ciudades, regiones o segmentos.
Puede vender mucho online y casi nada en tiendas especializadas.
Puede tener fuerza en MI y ninguna presencia en instalación.
Puede estar concentrada en una única cadena.
Puede tener volumen en productos de entrada mientras sus líneas profesionales prácticamente no existen.
Por eso el fabricante suele mirar más allá del número total.
Quiere saber cómo está formado ese número.
Falta de stock puede destruir una estrategia
Hay pocas cosas más difíciles para una marca que invertir en demanda y descubrir que el producto no está disponible.
Una campaña funciona.
Un artista muestra el equipo.
El usuario entra en la tienda.
Y el distribuidor responde: “llega en dos meses”.
Esto no significa que todo deba estar permanentemente en inventario. Importación, monedas, crédito y logística hacen que América Latina sea especialmente compleja.
Pero existe una diferencia entre administrar stock y trabajar permanentemente sin disponibilidad.
Para muchas marcas, previsión de compras y capacidad financiera del distribuidor pesan tanto como su fuerza comercial.
Servicio técnico también vende
En categorías como audio profesional, iluminación, electrónica e instrumentos de mayor valor, la relación con la marca continúa después de la factura.
¿Qué sucede cuando un producto falla?
¿Hay repuestos?
¿Hay técnicos capacitados?
¿Cuánto tarda una respuesta?
¿Quién atiende al dealer?
Una representación puede crecer rápidamente y deteriorarse de forma igualmente rápida si el mercado empieza a asociar la marca con problemas de soporte.
El fabricante lo sabe.
Por eso, servicio posventa no es solamente un costo operativo. También es una herramienta de posicionamiento.
El distribuidor que no comparte información se vuelve menos estratégico
Durante años, algunos distribuidores trataron la información del mercado como algo que debía mantenerse completamente cerrado frente al fabricante.
Hoy esa relación está cambiando.
Una marca quiere entender qué modelos rotan, qué clientes crecen, dónde existe demanda, qué competidores aparecen y por qué determinada línea no funciona.
No significa entregar información comercial sensible sin criterio.
Significa poder conversar con datos.
Un distribuidor que responde siempre “el mercado está difícil” ofrece poco aprendizaje.
Uno que explica dónde cayó la demanda, qué categoría creció, qué precio generó resistencia y qué tipo de cliente está comprando se convierte en una fuente de inteligencia.
Y eso aumenta su valor.
Representar demasiadas marcas puede convertirse en conflicto
Tener un portafolio amplio es una ventaja.
Hasta que deja de serlo.
Si una empresa representa muchas marcas competidoras, el fabricante puede empezar a preguntarse cuál realmente recibe prioridad.
¿Qué producto recomienda el vendedor cuando tiene tres opciones similares?
¿Qué marca aparece primero en las campañas?
¿Cuál recibe stock?
¿Quién ocupa la mejor posición en una feria?
No siempre existe incompatibilidad. Grandes distribuidores administran portafolios extensos con éxito.
Pero requiere segmentación clara y equipos capaces de evitar que determinadas marcas desaparezcan dentro de la propia distribuidora.
Una representación también necesita un plan
Quizá el mayor riesgo sea administrar la distribución solamente como una sucesión de pedidos.
Compra.
Importa.
Factura.
Repite.
Las marcas que buscan crecimiento normalmente quieren algo adicional: un plan.
¿Qué clientes queremos abrir?
¿Qué productos vamos a priorizar?
¿Qué competencia queremos desplazar?
¿Qué capacitación necesita el canal?
¿Qué acciones de marketing tienen sentido?
¿Qué resultado buscamos dentro de 12 meses?
Ese tipo de conversación cambia la relación.
El fabricante deja de ver únicamente a un comprador y empieza a ver a un socio de mercado.
Por eso, cuando una marca cambia de distribuidor, preguntar únicamente “¿cuánto vendía el anterior?” puede llevar a una conclusión equivocada.
La pregunta más completa sería:
¿qué estaba construyendo esa empresa para la marca?
Porque vender puede conservar una representación durante un tiempo.
Desarrollar mercado es lo que puede hacerla difícil de reemplazar.
Gestión
La pregunta incómoda: ¿Las tiendas de instrumentos todavía necesitan tener tanto producto en exhibición?
Ecommerce permite mostrar miles de referencias sin almacenarlas, pero instrumentos y audio siguen teniendo algo difícil de digitalizar: la experiencia de probar.
Durante décadas, una buena tienda de instrumentos se reconocía casi inmediatamente.
Paredes llenas de guitarras.
Teclados en varias alturas.
Amplificadores alineados.
Pedales dentro de vitrinas.
Baterías ocupando buena parte del salón.
La abundancia de producto comunicaba una idea sencilla: aquí hay donde elegir.
Pero mantener esa imagen cuesta dinero.
Cada guitarra colgada representa capital. Cada teclado expuesto ocupa metros cuadrados. Cada producto de demostración se desgasta y puede terminar necesitando descuento.
Mientras tanto, el ecommerce permite exhibir miles de referencias sin tener físicamente ninguna de ellas en la tienda.
Entonces aparece una pregunta incómoda:
¿sigue siendo necesario tener tanto producto en exposición?
El argumento financiero dice que no
Desde la perspectiva de la caja, la respuesta parece relativamente sencilla.
Menos inventario significa menos capital inmovilizado.
También significa menos espacio, menor riesgo de obsolescencia y menor necesidad de liquidar productos antiguos.
Una tienda podría mostrar algunos modelos clave y vender el resto por catálogo, utilizando el stock del distribuidor o pedidos programados.
Para determinadas categorías, tiene bastante sentido.
Pocos clientes necesitan probar personalmente un cable determinado, un soporte, un accesorio básico o ciertas piezas de reposición.
Pero cuando llegamos a instrumentos, audio y tecnología creativa, la cuestión cambia.
Hay productos que el cliente quiere experimentar
Dos guitarras del mismo modelo pueden sentirse diferentes.
Un pianista puede querer comparar acciones.
Un productor puede preferir escuchar dos pares de monitores.
Un guitarrista puede necesitar comprobar cómo responde un pedal con su manera de tocar.
Una foto, un video y una ficha técnica pueden ayudar enormemente.
Pero no necesariamente sustituyen esa experiencia.
Eso convierte el espacio físico en algo que ecommerce todavía tiene dificultad para reproducir: un lugar donde se reduce la incertidumbre antes de comprar.
Entonces, ¿más exposición siempre es mejor?
Tampoco.
Una pared con 80 guitarras puede impresionar.
Pero si 50 casi nunca se venden, quizá esa exhibición esté siendo financiada con demasiado capital.
La cuestión no debería ser cuántos productos caben en la tienda.
Debería ser cuáles merecen estar allí.
Algunos productos necesitan demostración porque la experiencia física cambia la decisión de compra.
Otros necesitan exposición porque generan tráfico.
Otros funcionan como referencia para vender diferentes niveles de precio.
Y otros simplemente están allí porque siempre estuvieron.
Ese último grupo merece revisión.
La tienda puede convertirse en showroom de categorías, no de todo el catálogo
Un modelo interesante consiste en pensar la exposición por función.
En vez de intentar mostrar todo, la tienda selecciona productos que representan diferentes experiencias.
Tres perfiles de guitarra.
Cuatro tipos de monitores.
Distintas categorías de interfaz.
Una selección de pedales que permita comparar conceptos.
El catálogo digital completa lo que no está físicamente disponible.
En ese modelo, la tienda no intenta competir con internet por cantidad.
Compite por curaduría y experiencia.
Esto exige vendedores mejores
Aquí aparece una consecuencia importante.
Cuanto menor es la cantidad de producto exhibido, más importante se vuelve la calidad del vendedor.
Si hay 50 opciones en la pared, el cliente puede recorrerlas.
Si hay ocho cuidadosamente seleccionadas, alguien necesita explicar por qué esas ocho representan alternativas distintas y qué otras posibilidades existen.
El vendedor deja de ser simplemente la persona que entrega el producto.
Se convierte en alguien capaz de traducir necesidad en solución.
Esto puede aumentar productividad por metro cuadrado.
Pero exige entrenamiento.
Menos producto también puede perjudicar la tienda
Existe un límite.
Una tienda excesivamente vacía puede comunicar fragilidad.
El cliente puede interpretar falta de exposición como falta de stock, falta de variedad o incluso dificultades financieras.
Además, el descubrimiento espontáneo sigue siendo parte importante del retail musical.
Muchas compras ocurren porque alguien vio un pedal que no conocía, tocó una guitarra que no buscaba o escuchó un monitor mientras esperaba otra cosa.
Reducir demasiado la exposición puede eliminar precisamente ese comportamiento.
¿Qué debería permanecer físicamente?
Una buena pregunta para cada producto sería:
¿qué aporta estar aquí?
Si necesita demostración, comparación o contacto físico, probablemente tenga sentido.
Si genera tráfico, puede justificar espacio.
Si ayuda a vender productos complementarios, también.
Si representa una categoría estratégica, puede ser importante aunque no tenga la mayor rotación.
Pero si no vende, no demuestra nada, no atrae clientes y no ayuda a otras ventas, quizá esté ocupando espacio por razones históricas y no comerciales.
El futuro probablemente será híbrido
La tienda física no necesita reproducir el catálogo completo.
Tampoco debería convertirse simplemente en una recepción para retirar pedidos online.
El modelo más interesante puede estar en el medio.
Menos inventario irrelevante.
Más productos seleccionados para experimentar.
Información digital dentro de la tienda.
Acceso rápido al catálogo ampliado.
Integración con el stock del distribuidor.
Vendedores capaces de orientar.
Espacios para demostraciones, contenido, clínicas o pequeños eventos.
En ese escenario, la tienda deja de medir su fuerza por cuántos productos consigue colgar en la pared.
Empieza a medirla por cuánto valor consigue producir con cada metro cuadrado.
Por eso la pregunta no es realmente si una tienda debería tener menos productos.
Es: ¿qué productos justifican ocupar uno de los espacios más caros de la empresa: el piso de venta?
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