El arte de la posibilidad

El arte de la posibilidad

by 17/12/2008

El arte de la posibilidad
El líder de una empresa debe actuar como un maestro de orquesta, capaz de conducir a un conjunto de personas en dirección a una misma visión

 
En un año de Olimpíadas, prepárese para una sobredosis de artículos, debates y ensayos sobre temas deportivos. Las empresas se creen modernas, actuales, conectadas con el momento al optar por atletas, técnicos, comentaristas y toda suerte de profesionales—– o ex-profesionales —– vinculados al deporte como la solución mágica para resolver cuestiones del mundo corporativo.

Es innegable que podemos encontrar en el deporte, grandes metáforas sobre la realidad de empresas y profesionales. Así, Ayrton Senna era el ejemplo de excelencia; Robinho, el sinónimo de osadía; Oscar Schimidt, el ícono de la obstinación; Pelé, la referencia del marketing personal. Las corporaciones también pueden alcanzar la inspiración en las lecciones  de gerenciamento y liderazgo legadas por Vince Lombardi (ex-técnico de fútbol americano) o, más recientemente, Bernardinho, coach del victorioso equipo de voley masculino de Brasil, entre tantos otros ejemplos.

Extasiados frente a las fascinantes conquistas realizadas por los atletas y al espíritu de superación y cooperación que rodea y transforma un equipo, dejamos de ver que la realidad del universo empresarial es distinta y mucho más compleja, de modo que muchas lecciones no son aplicables y punto.  

En los deportes hay reglas claras y, uno o más jueces preparados para emitir una opinión instantánea, aunque a veces, poco idónea. Ya, el mercado insiste en burlar las leyes, romper contratos, ignorar reglas. Y la justicia, a su vez, tiene brazos largos, aunque lentos; ojos abiertos, aunque vendados

Fue en ese contexto que encontré una metáfora más adecuada para argüir sobre liderazgo empresarial. Proviene de otra arte: la música.

Observe una orquestra. Ya sea una orquesta de cámara (formada por pocos miembros), una sinfónica (mantenida por una institución pública) o una filarmónica (sustentada por recursos privados), y compuesta por diversos músicos y variados instrumentos, divididos en cuatro grandes grupos: cuerdas, maderas, metales y percusión, produciendo cada uno, aisladamente, un sonido característico.

Mientras que en un deporte colectivo, el equipo puede alcanzar la victoria gracias a un relámpago de genialidad o a la suerte de un único atleta, incluso con una actuación mediocre en todo el partido, en una orquesta todos contribuyen al éxito del resultado final. Por eso, el producto que entregan es una ‘“sinfonía’”, es decir, todos emitiendo el mismo sonido.

Este objetivo se alcanza debido a la mediación de un personaje en particular. Se trata del maestro, aquel que se destaca durante la presentación, que tiene su foto estampada en la tapa de CD’s y DVD’s, da conferencias y concede entrevistas; más que curiosamente es el único músico que no emite un único sonido.

Aprendí con Benjamin Zander, dirigente de la Orquesta Filarmónica de Boston desde su fundación en 1979, que el papel del líder no es conquistar el poder, sino convertir a los otros en poderosos. Permitir a sus colaboradores que se transformen en un nuevo tipo de ser, migrando de lo individual a lo colectivo, de un ser aislado a un ser conectado.

En el video “El Arte de la Posibilidad”, Zander comparte sus experiencias, enseñándoinstruindo-nos que un dirigente es un arquitecto de las posibilidades del grupo. Su misión es explorar estas posibilidades, zambulléndose en el interior de cada miembro de su orquesta con la intención de sacarles la venda, o sea, remover aquello que encubre el talento y el potencial de cada músico.

Acostumbro decir que el líder es aquel capaz de conducir a un conjunto de personas en dirección a una misma visión, llevándolas hasta donde nunca irían de estar solas.  El líder vislumbra cualidades extraordinarias en personas comunes, potencializándolas, permitiéndoles ofrecer al mundo lo mejor que tienen.  No se trata de persuasión, sino de inspiración. Inspiración que nutre al entusiasmo, estimula la creatividad y promueve la excelencia.

Seguro de que todos pueden hacer la diferencia, Ben Zander estableció un interesante criterio para motivar a sus pares. El siempre pone la nota máxima en una audición preliminar, exactamente cuando el músico está más sensible e inseguro. Luego, solicita a cada músico que le escriba una carta justificando como hará para merecer tal evaluación al final de un semestre. El propósito es dar al profesional una dimensión de sus posibilidades de realizar y no la mera expectativa de alcanzar. Finalmente, es necesario silenciar aquella voz en la cabeza que en situaciones críticas trata de abrumarnos y empequeñecernos, sentenciando: “¡No lo vas a conseguir!”.

Análogamente, muchas son las oportunidades en lo cotidiano de las empresas para valorizar y elevar a sus colaboradores. No obstante, continuamos viendo líderes que critican en público y elogian en privado, cuando deberían hacer lo contrario. Líderes que ocultan los aciertos y exponen los errores —– jamás los propios. Cultivan el ‘“no’”, alejando el ‘“si’” del mapa de posibilidades.

Entre una orquesta y otra, los instrumentos son los mismos, pero los músicos no. Por eso, algunas melodías le hablan más alto al corazón que otras.

Es preciso compartir la visión, cultivar el brillo en los ojos, promover las relaciones. Liderar no es un verbo intransitivo. Si el líder está solo, no está liderando a nadie.
 

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