CONTROLA LOS GASTOS DE TU EMPRESA
Controlar los gastos: Objetivo de todo empresario, el resultado positivo en la gestión administrativa no siempre es algo fácil de ser alcanzado
Lo que pocos saben es que el problema puede surgir inclusive antes de la existencia de la propia empresa: cuando la mayoría de los administradores inicia un negocio, no percibe la necesidad de tener una planificación adecuada, lo que acarrea, en muchos casos, la falencia en seguida en los primeros años. A pesar de vivir en la era de la tecnología y de la información, controlar los gastos del propio negocio aún es un tabú para muchos.
¡Cuidado con las inversiones!
Por poseer menos condiciones e información sobre planificación presupuestaria, las pequeñas y medianas empresas deben prestar aún más atención a todas las etapas de un negocio, desde la producción hasta la gestión financiera. O sea, no sirve de nada producir y vender si no existe un proyecto financiero preestablecido.
Una organización que ya comienza invirtiendo de manera errada difícilmente logra recuperar los lucros posteriormente y tiende a no pasar de los primeros años de vida. A pesar de que muchas personas ven esto como algo complejo, dirigir financieramente una empresa es nada más y nada menos que estar atento a los resultados de las actitudes tomadas y ser cauteloso para que el dinero no entre por la puerta y salga por las ventanas. Aquí, resalto nuevamente la necesidad de tener una planificación previa para la realización de esos proyectos.
Las herramientas correctas
Además de estas medidas, se hace necesario el uso de algunas herramientas para que sea posible demostrar los resultados. Por ejemplo, la utilización de un software especializado en la contabilidad de la empresa, en lugar de las planillas de Excel, facilitará la elaboración de los demostrativos, posibilitando la organización de todos los ítems mensuales y la proyección para los momentos futuros.
Es posible que una empresa tenga una economía significativa en caso de efectuar la planificación correcta y elaborar un presupuesto basado en hechos reales, apoyado en informes financieros que muestren cómo fueron invertidos o desperdiciados los ingresos. El objetivo, claro, es siempre corregir los errores.
Administrar no significa hacer personalmente, operacionalmente, los procesos. Administrar es tener al propio alcance personas o instrumentos que posibiliten entender e interpretar el resultado final de las operaciones.
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Músicos
Sonid apuesta por sesiones cortas para enseñar teoría musical desde el celular
La app para iOS y Android reúne lectura de partituras, ritmo, acordes, escalas, entrenamiento auditivo y herramientas para profesores.
Sonid es una aplicación de aprendizaje musical orientada al estudio de teoría, lectura de partituras, ritmo y entrenamiento auditivo mediante sesiones cortas. Disponible para iOS y Android, la plataforma reúne contenidos sobre intervalos, acordes, escalas, armonía y lectura musical, además de ejercicios guiados.
La propuesta está dirigida a estudiantes, profesores y autodidactas, incluidos músicos que buscan desarrollar lectura a primera vista y comprensión rítmica. La aplicación también funciona como biblioteca de consulta sobre notas, acordes, escalas, intervalos y modos.
Recorridos de aprendizaje y práctica
Entre sus funciones se encuentran recorridos estructurados, ejercicios de lectura musical y ritmo, entrenamiento auditivo y herramientas de análisis. La versión 5.4 también incorpora funciones como leaderboards, perfiles públicos con @handle, Analyse y Sonid Classroom.
Para profesores y escuelas, Sonid Classroom amplía el uso de la plataforma en entornos educativos, mientras que creadores y docentes pueden trabajar con contenidos de partitura, ritmo, oído musical y actividades de seguimiento.
Sonid fue creada por Martijn van der Eijk, músico, profesor de guitarra y programador. Según la compañía, el proyecto nació a partir de la enseñanza de teoría musical y posteriormente evolucionó hacia una aplicación y una plataforma más amplia.
“Sonid nació de una necesidad práctica: enseñar teoría musical básica a estudiantes de guitarra. Las herramientas de práctica existentes eran útiles, pero no desarrollaban el conocimiento de forma clara y estructurada. Quería algo que acompañara de verdad al estudiante desde los intervalos y acordes hasta las escalas, el entrenamiento auditivo, las partituras y el ritmo: ejercicios cortos y guiados en un teléfono móvil, no solo otra página de referencia”, explicó Martijn.
La app puede descargarse de forma gratuita y se complementa con herramientas y contenidos disponibles en la web de Sonid.
Distribución
¿Qué busca una marca internacional en un distribuidor latinoamericano?
La cobertura comercial sigue siendo importante, pero fabricantes también evalúan soporte, marketing, datos y capacidad real para desarrollar mercado.
Cuando un fabricante internacional decide entrar en un país latinoamericano, una de las primeras decisiones es quién desarrollará su marca localmente.
Tener una cartera de clientes sigue siendo importante. Pero ya no alcanza.
Cada vez más, el fabricante analiza no solamente cuánto puede comprar un distribuidor, sino qué será capaz de construir una vez que el producto llegue al mercado.
La red de dealers es solamente el comienzo
¿Cuántas tiendas atiende? ¿En qué regiones? ¿Trabaja con ecommerce? ¿Integradores? ¿Rental? ¿Iglesias? ¿Estudios? ¿Escuelas?
Son preguntas elementales.
Pero afirmar que se atienden cientos de dealers sirve de poco si la relación no es activa.
La marca quiere entender quién compra, qué categorías maneja y cómo será presentada la nueva línea.
El fabricante quiere un plan
“Vamos a promocionar la marca” ya no es suficiente.
El proveedor quiere saber qué productos entrarán primero, quién será el público, qué dealers serán activados, cómo se realizarán demostraciones, capacitación, prensa, contenido, ferias y soporte.
Distribuir ya no significa solamente importar.
Significa desarrollar mercado.
El conocimiento técnico también vende
La tendencia puede verse incluso en movimientos recientes. TransAudio Group creó un puesto específico de Head of Pro Audio enfocado en ayudar a dealers y clientes en aplicaciones, especificaciones y soporte.
En productos técnicos, colocar una caja sobre una estantería no genera necesariamente demanda.
El canal debe saber qué hace el producto, para quién sirve y cómo venderlo.
El marketing local importa
Una compañía internacional conoce perfectamente su marca, pero no necesariamente comprende cada mercado latinoamericano.
Un distribuidor aporta conocimiento sobre canales, comunicación, eventos, influenciadores, medios, idioma y comportamiento local.
Traducir el catálogo global es solamente el primer paso.
Los datos aumentan el valor del distribuidor
¿Qué se vende? ¿Qué no? ¿Cuál es la resistencia de precio? ¿Qué pide el dealer? ¿Contra qué producto compite? ¿Por qué se perdió determinada operación?
El socio que devuelve esa inteligencia a la fábrica deja de ser un intermediario y se convierte en una fuente de información de mercado.
El primer pedido no lo explica todo
Un pedido inicial grande puede impresionar.
Pero exceso de inventario sin demanda genera rápidamente descuentos, frustración y deterioro de marca.
El mejor distribuidor no siempre es quien promete comprar más en el primer pedido.
Puede ser quien presenta el plan más creíble para vender de forma sostenida.
Distribuir es representar
El distribuidor fija precios, atiende dealers, responde dudas, administra garantías y representa diariamente a la empresa.
Por eso, para un fabricante que busca América Latina, la pregunta decisiva debería ser:
¿este socio quiere comprar producto o quiere construir la marca?
Músicos
Nicolás Madoery y la música líquida: nuevas reglas para una industria en transformación
Nuevas formas de construir carreras, comunidades que ganan protagonismo y modelos de industria en transformación.
A partir de las ideas de Música Líquida, Nicolás Madoery habla sobre los cambios que atraviesan al ecosistema musical y las preguntas que pueden definir su futuro.
La música cambió. Pero quizás todavía seguimos intentando entenderla con herramientas, estructuras y conceptos que pertenecen a otra época.
En ese escenario, Nicolás Madoery propone detenerse a observar qué está pasando realmente detrás de las plataformas, los algoritmos y la aceleración permanente de los lanzamientos. Su trabajo alrededor de Música Líquida abre preguntas sobre cómo se construyen hoy las carreras artísticas, qué lugar ocupan las comunidades y hacia dónde se dirige una industria en constante movimiento.
Lee esta conversación con Madoery para ir más allá del diagnóstico y pensar el presente —y el futuro— de la música desde quienes la crean, la desarrollan y la hacen circular.
1. Para empezar por el principio: ¿qué es la música líquida y qué cambió para que llegáramos a este momento?
Sí, en relación con la música líquida, me parece interesante cambiar la perspectiva desde la cual pensamos el contenido.
Ya atravesamos una transformación similar cuando apareció internet. Hasta ese momento, la música solamente podía existir dentro de un formato físico: un CD, un casete o cualquier otro soporte material.
Cuando surgió lo digital, comenzó a hablarse de una música “líquida”, porque se volvía más difuso entender cuál era su contenedor. Ya no había una caja física que permitiera delimitarla con claridad.
Ahora se suma un componente adicional: la música puede recibir tantas transformaciones como queramos, de alguna manera, debido a la inteligencia artificial generativa y al contexto en el que circula.
Además, cada canción que se publica en internet termina formando parte de distintos modelos que pueden —o no— ser utilizados para entrenar y producir otras canciones.
Entonces, efectivamente, el molde que nosotros conocíamos ya no existe. La música que antes parecía estar empaquetada en un estéreo o en un soporte determinado ahora responde a otras lógicas.
Por eso hablamos de que la música se volvió líquida.
2. Una de las ideas que más llama la atención es cuando planteás que la inteligencia artificial está dejando de ser solamente una herramienta para convertirse en infraestructura. En la práctica, ¿qué cambia esto para quienes trabajan con música?
Sí, esta idea de la inteligencia artificial como infraestructura me parece fundamental para entender todo lo que hacemos.
Implica salir de una discusión binaria: “la uso o no la uso”, “esta herramienta es buena si se utiliza para el bien y mala si se utiliza para el mal”. La cuestión no pasa solamente por decidir si usamos la inteligencia artificial, sino por preguntarnos cómo la usamos y para qué.
Podemos pensarla como internet, la electricidad o cualquiera de las infraestructuras que hoy forman parte de nuestra vida cotidiana. Ya no nos preguntamos constantemente si deben existir o no, pero sí podemos preguntarnos qué utilizamos, de qué manera lo hacemos y bajo qué condiciones.
Me parece que este cambio de perspectiva nos permite salir de esa lógica binaria de estar a favor o en contra de la inteligencia artificial. En lugar de preguntarnos simplemente si debemos usarla, deberíamos pensar qué prácticas éticas necesitamos desarrollar, qué protocolos debemos establecer y bajo qué lógicas queremos trabajar.
También debemos preguntarnos cómo hacemos para que la creatividad continúe ocupando un lugar central y para que las obras sean tratadas con cuidado.
Es similar a lo que sucede con los automóviles. La discusión no consiste únicamente en decidir si pueden o no utilizarse. Para que funcionen correctamente, fue necesario construir toda una red alrededor: normas de tránsito, señales, licencias, seguros y diferentes protocolos de seguridad.
Con la inteligencia artificial ocurre algo parecido. No alcanza con permitirla o prohibirla. Es necesario generar todo un marco de reglas, prácticas y responsabilidades para que pueda utilizarse correctamente y para que su desarrollo no deje de lado la ética, la creatividad y el cuidado de las obras.
3. Durante décadas pensamos una grabación como la versión definitiva de una canción. Ahora puede ser modificada, recombinada e incluso servir como materia prima para generar algo nuevo. ¿Esto cambia también nuestra idea de lo que es una obra musical?
En relación con si este paradigma cambia lo que imaginamos como obra musical, no lo sé con certeza. Creo que, en realidad, estamos hablando de una obra artística que desde hace mucho tiempo viene atravesando transformaciones mediadas por la tecnología.
Al final, el arte mantiene una tarea o una misión fundamental: emocionarnos, orientarnos, generarnos nuevas ideas e inspirarnos. Esa función sigue presente, y la tecnología es uno de los medios a través de los cuales puede ocurrir.
El tema es que ahora la situación se vuelve un poco más compleja. Siempre pudimos emocionarnos con una copia o con una obra basada en otra cosa. La creación artística nunca existió completamente aislada de sus referencias, influencias o antecedentes.
Lo que cambia en este contexto tiene que ver principalmente con la velocidad y con el volumen. La tecnología permite que los contenidos se produzcan, transformen y circulen en una escala mucho mayor.
Por eso, me parece que uno de los aspectos más importantes de este nuevo escenario es la enorme cantidad de contenido que aparece. Quizás el cambio no esté tanto en la misión del arte, que continúa siendo emocionarnos e inspirarnos, sino en las condiciones y en la escala bajo las cuales las obras son creadas y puestas en circulación.

4. También hablás de la transformación de la música en datos. Quizás para quien está fuera de este universo sea difícil dimensionar lo que significa. ¿Qué pasa cuando nuestras canciones se convierten también en información utilizada para entrenar sistemas?
Bueno, me parece que también hay bastante para charlar. Estoy como resumiendo un poco.
Cuando nuestras canciones se convierten en datos, pasan muchas cosas. En general, en estos modelos se está aplanando la diversidad, porque la música es muy compleja, al igual que la manera en que se desarrolló a nivel global.
Nosotros podemos verlo en el caso del folclore argentino, del candombe rioplatense o del tango, pero también podríamos hablar del funk o de cualquier otro ritmo. Ninguno de ellos tiene una versión definitiva, sino que se encuentran en constante evolución.
Más allá de que podamos detectar ciertos patrones rítmicos, melódicos y armónicos, también existe una evolución. No todo es lo mismo. En el caso del folclore argentino, por ejemplo, una chacarera y una zamba quizás tengan bastantes similitudes, pero no son lo mismo.
Cuando la música se convierte en datos, hay una persona que está definiendo qué son esos datos. Nosotros sufrimos esto, creo, a nivel global, con la idea de la “world music”.
¿Qué es la “world music”? En teoría, es la música del mundo. Sin embargo, en realidad, el término fue utilizado para describir las músicas tradicionales de las regiones que no pertenecían al mundo occidental, principalmente europeo o incluso estadounidense.
Entonces, ¿qué queda fuera de la categoría de “world music”? ¿Qué sucede cuando toda la música que no pertenece a determinado lugar es etiquetada simplemente como “lo de afuera”?
En ese punto, los datos y la información se vuelven muy importantes. También pasan a formar parte de la soberanía cultural y de la manera en que esa información se preserva a lo largo del tiempo.
5. Gran parte de la discusión sobre IA sigue concentrada en el resultado: si una canción fue hecha por una persona o por una máquina. Pero vos ponés el foco en algo que sucede antes: los datos utilizados para construir esos sistemas. ¿Estamos haciendo las preguntas equivocadas sobre inteligencia artificial y música?
Preguntarnos si una obra está hecha con inteligencia artificial o no tiene que ver con todo lo que venimos conversando. Para mí, hoy es una pregunta un poco equivocada, porque la música se ha vuelto cada vez más sintética durante los últimos años, a partir de todos los procesos de tecnologización que atravesaron las distintas cadenas vinculadas al audio.
Actualmente son muy pocas las cadenas de producción completamente analógicas en las que todavía se preservan esos procesos. En el medio se fueron incorporando numerosos elementos sintéticos: instrumentos digitales, efectos, procesamientos de voz y muchas otras herramientas que ya forman parte habitual de la creación musical.
Por eso, creo que la discusión actual no debería centrarse únicamente en determinar si una obra fue creada con inteligencia artificial, sino en comprender cómo cocreamos entre humanos y máquinas. También debemos preguntarnos dónde están los límites, qué decisiones estamos dispuestos a ceder y cuáles queremos seguir tomando nosotros.
Tengo un pódcast llamado *Data Ladería*, en el que hablamos mucho sobre este tema. Una de las preguntas que planteamos es qué sucede cuando perdemos capacidad de decisión sobre lo que hacemos. Antes, un proceso creativo podía exigirnos cien decisiones y hoy, gracias a la tecnología, quizás solo nos exige cinco.
Aunque el resultado final pueda ser similar, el proceso no necesariamente lo es. Entonces, también debemos preguntarnos cómo nos sentimos durante la creación y qué experimentamos cuando otra persona se encuentra con el resultado de ese trabajo.
Creo que los matices de la cocreación son precisamente los que hoy debemos analizar y comprender con mayor profundidad. Necesitamos identificar en qué aspectos la tecnología realmente nos sirve —y ya la venimos utilizando desde hace tiempo—, dónde aparecen nuevos usos y cuáles son los límites que no queremos que traspase.
En definitiva, se trata de reconocer qué decisiones queremos conservar, porque estamos cediendo algo que forma parte de nosotros.
6. Llevando esta discusión a América Latina: tenemos una diversidad musical enorme, pero eso no significa que esté igualmente representada en los datos que utilizan las nuevas tecnologías. ¿Qué podemos perder si nuestra música no está presente en esos sistemas?¿Cómo podría funcionar eso en la práctica? ¿Y quién debería empezar a ocuparse de este tema ahora?
En ese sentido, me parece que una de las cuestiones fundamentales para preservar la diversidad cultural es la existencia de políticas culturales que busquen protegerla y que comprendan lo digital como un territorio prioritario sobre el cual intervenir.
Evidentemente, los primeros actores que aparecen son los Estados y los gobiernos. Sin embargo, también existen muchos otros integrantes del ecosistema que pueden y deben actuar para garantizar esa protección.
Otro actor clave son las sociedades de gestión colectiva, que administran los datos y los derechos de los compositores, así como los derechos vinculados a la industria discográfica. Estas organizaciones tienen un papel muy importante en la preservación de la información, en la protección de las obras y en la definición de las condiciones bajo las cuales pueden ser utilizadas.
En realidad, existe una gran cantidad de actores dentro del ecosistema musical que tienen responsabilidades en este proceso. Pensar políticas implica crear nuevas ideas y respuestas que surjan, sobre todo, desde Latinoamérica y desde el Sur Global.
En gran medida, nuestras regiones no desarrollan las tecnologías que organizan actualmente estas dinámicas. Por eso, es fundamental que podamos preservar nuestra información y decidir qué hacer con ella.
Tenemos que definir si esos datos y esas obras se venderán, se licenciarán o circularán bajo otras condiciones. También debemos establecer de qué manera los creadores se beneficiarán y generarán ingresos a partir de estas nuevas dinámicas.
La discusión no consiste únicamente en proteger la diversidad cultural de una manera simbólica. También implica crear estructuras concretas que permitan conservar la información, administrar los derechos y garantizar una participación justa de los creadores en el valor económico generado por sus obras.
7. Si la música deja de ser algo cerrado y pasa a poder transformarse constantemente, ¿qué lugar ocupa el artista en ese nuevo escenario? ¿Puede cambiar incluso nuestra idea de lo que significa ser músico o creador?
Sí, en este contexto, la idea de artista o de creador necesariamente tiene que atravesar un proceso de reflexión y de resignificación.
En la música, al menos, la figura del artista está muy asociada a la idea de éxito. Durante mucho tiempo, las plataformas digitales y los servicios de streaming estuvieron acompañados por un discurso de democratización: la promesa de que cualquier persona podría publicar su obra, llegar a nuevas audiencias y encontrar oportunidades.
Sin embargo, con el tiempo quedó demostrado que esa supuesta democratización también generó nuevas dinámicas de concentración. Quienes administran las plataformas, el dinero y los derechos continúan siendo, en gran medida, los mismos actores.
Por eso, me parece que la llegada de estas nuevas tecnologías obliga a revisar qué entendemos por artista, por éxito y por participación dentro del ecosistema musical.
No podemos permitir que la inteligencia artificial y los nuevos modelos tecnológicos continúen profundizando esa concentración. Esta discusión tiene que poner sobre la mesa quién controla las herramientas, quién administra los datos, quién se beneficia económicamente y qué lugar ocupan los creadores dentro de esas estructuras.
La tecnología no debería consolidar un sistema en el que cada vez menos actores concentran el poder, los recursos y las decisiones. Por el contrario, tendría que ayudarnos a construir modelos más justos, diversos y sostenibles para quienes crean música.
8. La tecnología está avanzando mucho más rápido que la capacidad de la industria para discutir sus consecuencias. ¿Hay alguna decisión que estemos tomando hoy que, en tu opinión, pueda ser muy difícil de revertir dentro de algunos años?
En relación con qué podemos hacer hoy y con las decisiones que estamos tomando —o dejando de tomar—, creo que uno de los principales problemas es que la actividad cotidiana continúa imponiéndose.
Sobre todo en Latinoamérica, el ecosistema cultural está tan precarizado que muchas veces no nos permite pensar demasiado hacia adelante. Estamos constantemente resolviendo el presente, atendiendo las urgencias de hoy.
Esa necesidad, o esa contingencia permanente, no nos está dejando observar con suficiente atención lo que sucede alrededor. Tampoco nos permite dimensionar toda la información que les estamos entregando a las plataformas ni pensar alternativas a los modelos actuales.
Creo que esto tendrá consecuencias en el futuro. En algún momento no tendremos otra opción que comenzar a discutirlo seriamente, o terminaremos atrapados dentro de estructuras que ya hoy presentan muchos problemas.
El desafío consiste en generar espacios para pensar más allá de la urgencia. Necesitamos detenernos a analizar qué decisiones estamos tomando, qué datos estamos cediendo, qué modelos estamos legitimando y qué alternativas podemos construir antes de que esas estructuras se vuelvan todavía más difíciles de modificar.
9. Después de investigar este escenario y escribir “Del estéreo a la música líquida”, ¿quedaste más optimista o más preocupado por el futuro de la música?
Esta investigación me dejó bastante preocupado. Sin embargo, al mismo tiempo, siento que existe una gran cantidad de cosas que todavía podemos hacer.
Creo que hoy debemos transitar una especie de dualidad emocional. Ser completamente optimistas frente a este escenario sería un poco ingenuo, pero permanecer únicamente preocupados, sin creer que podemos transformar algo, tampoco contribuiría demasiado al debate.
Por eso, la tercera parte del documento plantea una serie de acciones que considero posibles. Muchas de ellas están relacionadas con los temas que venimos conversando: reclamar políticas al Estado, exigir respuestas a las instituciones, pensar nuevas estructuras y abrir conversaciones con otras personas del ecosistema.
También necesitamos preguntarnos cuál es nuestra propia idea de cocreación. Es importante definir qué lugar queremos que ocupe la tecnología, qué decisiones estamos dispuestos a compartir con ella y cuáles consideramos fundamentales dentro de nuestro proceso creativo.
Existen muchas pequeñas acciones desde las cuales podemos comenzar a producir cambios. Quizás ninguna de ellas transforme por sí sola todo el sistema, pero juntas pueden ayudarnos a construir otras formas de crear, organizarnos y relacionarnos con la tecnología.
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