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Mercado de la musica: Es urgente, pero algunos todavia no desconfían

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Mercado de la musica: Si en algún pasado reciente, la gente tenía tiempo de observar, de aclimatarse y de decidirse por el cambio, hoy en día, en cambio, la urgencia atropella los acontecimientos

Los cambios ocurren y es eso lo que lleva el mundo adelante. Pero, hoy los cambios se suceden a una velocidad vertiginosa. Se demoró millones de años para llegar a esta era de la información apoyada en la tecnología y en la informática, pero, en los últimos treinta años, los cambios ocurrieron como un torbellino.

No llevó ni siquiera diez años para que la computadora sustituyese a las máquinas de escribir, para que el CD reemplazara al vinilo y el DVD al videocassette. Un giro absurdo, ya que en los primeros ochenta años del siglo pasado los bienes durables, electrodomésticos y electro-electrónicos se perpetuaban en los puntos de venta, casi con el mismo formato con el que habían sido concebidos en sus orígenes.

vida-tecnologiaLa mayoría de la gente sostiene que vivimos en la era de la informatización, porque casi todas las funciones o actividades que ejercemos han sido incorporadas por la computadora. Otros dicen que transitamos una era de incertezas, siempre desconfiando de las sorpresas que traerá el mañana. Están también los que prefieren calificar a estos tiempos como la ‘era de la perplejidad’, aquella en que lo que sabíamos media hora atrás se vuelve obsoleto en favor de algo nuevo.

Creo que todas estas definiciones son muy acertadas, pero la perplejidad es inherente a todas. Vimos como muchas profesiones desaparecieron y, en el mercado de la música, por ejemplo, observamos a la mayoría de las grandes grabadoras, las máquinas de hacer fortuna -majors, como se las llamaba- en estado de insolvencia.

La explicación que encuentro para este fenómeno es el inmediatismo y el marketing equivocado de tales empresas durante los años ’90.

Con el advenimiento del CD, simplemente dejaron de trabajar nuevos artistas. Es decir, despreciaron las señales del mercado que daba cuenta de que las cosas estaban cambiando y dejaron de anticipar el futuro para inventar un caza-niquel perecedero: relanzaron compilaciones por casi diez años consecutivos.

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La Inercia constante es la caida hacia el agotamento

Claro que, en el corto plazo, fue rentable; los ejecutivos justificaron su salario. Pero los ejecutivos no eran los dueños del negocio. A buena parte de ellos no les importaba el futuro de la empresa y por eso optaron por el material dormido, listo en los anaqueles.

De Frank Sinatra a los Ramones, un extenso menú de éxitos que sólo bastaba tomar, publicitar y hacer llegar al alcance de los consumidores ávidos por tener una discoteca con la nueva y fascinante tecnología digital. Un aditamento importante: el público al cual esos productos iban dirigidos, el target, era gente de más de 30 años.

Los adolescentes – el mercado del futuro – fueron olvidados. Ese camino del mínimo esfuerzo tuvo un efecto colateral gravísimo, incluso en lo que se refiere a la cultura, porque cuando la fórmula de los relanzamientos se estaba agotando, la salida que los ejecutivos de las grabadoras encontraron fue el lanzamiento de artificios musicales. Uno de ellos fue el relanzamiento de las bandas en formato acústico.

Hasta allí todo bien, pero por otro lado la música había sido literalmente arrojada a un agujero negro, sin creatividad y con una bajísima calidad artística. Se trataba de música simplona, sin contenido, para un público de bajo poder adquisitivo. Los medios, atraídos por el dinero, apoyaron la movida.

Se oficializó una especie de coima que los directores artísticos de las emisoras recibían, había incluso un tabla de precios para la difusión. Gente sin talento ni para tocar en la calle era la atracción en el horario central de la televisión. La radio también se adhirió y por allí desfiló un rejunte de bandas y artistas de calidad dudosa.

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El resultado es conocido por todos: el público compró ese producto a los vendedores ambulantes por 1/5 del precio. Fue una equivocación mercadológica, agravada por la piratería en internet. Un engaño de quienes no pudieron preveer los acontecimientos futuros.

¿Y ahora? ¿Cuál es el formato que el mercado de la música tendrá en los próximos diez años? La música de hoy no tiene mas solos de guitarra, ni cantantes con técnica, ni segunda voz, ni nada. Una legión de músicos e intérpretes mediocres puede grabar y un artificio tecnológico cualquiera puede suavizar esa mediocridad.
Un castigo para los mas viejos, que escuchaban a Chico Buarque y que hoy ven a sus hijos escuchando a Calypso o a alguna otra tontería, y también para los rockeros, que escuchaban a Pink Floyd en cuatro canales con una calidad impresionante y ahora tienen que aguantar el sonido de los maleteros abiertos en las estaciones de servicio (gasolineras) tocar una estupidez cualquiera grabada en docenas de canales. Enfin, el mercado fonográfico se pegó un tiro en el propio pie por no haber previsto lo que iba a suceder en el futuro inmediato.

Y el mercado de instrumentos musicales?

¿Hay alguien que prevea que ocurrirá en el futuro? ¿Lo que piensan los comerciantes, los distribuidores, los importadores, las asociaciones, el orden de los músicos, las escuelas de música, los fabricantes? ¿Están pensando en el futuro o no están pensando en nada, sólo en garantizar el suyo, como aquellos ejecutivos de grabadoras?

nina-tocando-guitarraHace algunos años, en una de esas reuniones del sector, le escuché decir a un comerciante, hasta entonces muy exitoso, un concepto que equivale a una sentencia de muerte: “¡Las cosas no cambian tanto así.

Lo sé porque mi familia está involucrada en este mercado hace muchos años!” Ese empresario hoy en día ha perdido su condición de tienda dominante porque se olvidó de la máxima que dice: “El tiempo destruye todo aquello que no ayudó a construir”. Despreció el hecho de que la inercia constante es la caída hacia la exaustão.

La exploración exhaustiva del mercado real baja la ganancia y lleva a las empresas a la insolvencia

En la inercia, las cosas andan por un tiempo rengueando. Es la muerte anunciada. Quien no renueva el impacto, no se actualiza y no emprende nuevas acciones o bien está resignado, conforme, es perezoso o no tiene idea de lo que le espera.

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La pregunta merece ser repetida: ¿Y ahora? ¿Cuál es la salida para el mercado de instrumentos y equipamientos musicales, que cada año incorpora docenas de marcas que llegan para competir con las marcas existentes? ¿Acaso el mercado crece en la misma proporción con que se lanza esa cantidad de marcas? Definitivamente, no. El mercado en que actuamos es el mercado real. O sea, es la suma del volumen de ventas de todas las empresas del segmento.

Si una nueva marca de guitarra, por ejemplo, se inserta en este contexto y alguien la compra, ciertamente otro dejó de vender una guitarra. Así de simple. Pero, ¿y el mercado potencial? Todo el mundo sabe que la búsqueda potencial, es decir, el número de personas que tiene la intención de compra, en el caso de ser motivadas, sería infinitamente superior a la actual demanda real. Explorar ese mercado es una tarea urgente, pues, de otro modo, muchas empresas van a enfrentar problemas de facturación o de liquidez.

La exploración exhaustiva del mercado real azuza a la competencia, baja los márgenes de lucro, lleva a las empresas a la insolvencia y algunas pueden ser engullidas por otras que, por ejemplo, importen de países sin la misma carga tributaria y sin grandes cargas sociales incluídas en el precio de los productos.

Veremos que el mercado es inmenso cuando hagamos lo que tiene que hacerse
Por ahora, lo que se ve son algunas empresas con el freno de mano puesto, que no emprenden nada, sólo miran apenas hacia adentro de su negocio y nunca practican la visión externa. Solamente se dedican a administrar. En su zona de confort, imaginan la imposibilidad de que algunas de las marcas que representan o importan se interesen en venir a su país y apuestan, así, a su propia longevidad.

También hay otras empresas trabajando en circuito cerrado, llegando siempre al mismo consumidor, al mismo nicho, promoviendo una guerra de precios y dividiendo el mercado real con su competidor. Hay además otras pocas, atrevidas, que invierten a favor de su marca, promueven acciones de marketing, trabajan la imagen y tienen la propaganda inserta en sus acciones.

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Existe una clásica historieta que ejemplifica ese asunto del mercado real y del potencial. Habla de una gran fábrica de zapatos que quería ampliar su mercado y para ello envió dos representantes a la India. Después de un tiempo, uno de ellos envió un telegrama que decía lo siguiente: “Señores, cancelen la producción, pues aquí nadie usa zapatos”. Pasados unos días, el segundo enviado mandó, también, un telegrama: “Señores, dupliquen la producción, pues aquí nadie usa zapatos todavía”.

¿A cual de los mensajes le apostaría usted? Las empresas extranjeras están apostando al segundo. Porque el mercado potencial es el que mueve esas compañías a instalarse en América Latina. Esas empresas saben, por ejemplo, que el mercado tiene carencias y que se podría hacer más y mejor. Hace algunos años esas empresas vieron, por ejemplo, un excepcional mercado potencial para celulares y se hartaron de vender ese producto. Sesenta y dos millones, para ser más preciso.

Esas empresas son killers mercadológicamente, no se contentan con acciones seguras, invierten lo que sea preciso para conseguir sus objetivos y no tienen prisa, trabajando en el largo plazo.

Se sabe que existen varias empresas muy interesadas en América Latina. Filiales de grandes marcas, fábricas de instrumentos, ferias y hasta tiendas minoristas están observando nuestras carencias y las brechas del mercado. Pero nos cabe ponerles piedras en el camino, reaccionar y explorar mejor, ya que nadie sabe a ciencia cierta cuanto podrá rendir ese mercado potencial sin ser estimulado, excitado, azuzado, motivado y trabajado.

Pero esa tarea no puede ser asumida por una única empresa. Nadie podría absorber los costos de una campaña institucional a favor del mercado de la música. Esto sería una tarea para todos, un trabajo en grupo. Sería una tarea para una asociación o para un pool de empresarios.

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Viabilizar es simple: basta creer en los instrumentos que tenemos a nuestra disposición que, además de ser muchos, serían accesibles, ya que los canales están abiertos. La música es cultura y cualquier accción de propaganda tendría una acogida como las de las campañas de llamamiento comunitario.

El costo sería ventajoso y hasta subsidiado, si el camino de creación optase por declaraciones de artistas consagrados. Basta creer en un ingrediente que nuestro mercado no utiliza: la propaganda destinada al público en general. Ese es nuestro mercado potencial. Un mercado ecléctico, amplio, compuesto de niños, adolescentes, hombres y mujeres de todas las edades y niveles culturales y socio económicos diversos.

¿Qué otro producto tiene esas características de mercado? Ninguno. Porque todo el mundo, por lo menos en una ocasión en la vida, quiso dedicarse a la música, aprender música, dominar un instrumento, cantar… Pero, infelizmente, hasta ahora nadie dio siquiera un primer empujoncito. Para quien considere que este discurso no tiene sentido, una recomendación: tome el dinero y guárdelo. Ahórrelo, deposítelo en una cuenta y garantícese una vejez tranquila en una blanca casita con balcón.

Porque, en lo que se refiere a la música, aún teniendo ventas significativas en el sector, la impresión que tengo es que aquí pocos usan zapatos. Es hora de vender más instrumentos, equipamientos, iluminación para escenarios, software para grabación, además de triplicar el tiraje de las revistas dirigidas al sector, duplicar los consumidores en las tiendas y conseguir más alumnos para las escuelas de música.

Todo esto no lo va a lograr nadie individualmente, ni con medidas para mares calmos, café con leche o agua con azúcar. Sólo vamos a saber cuanto de inmenso y activo es ese mercado cuando hagamos lo que tiene que hacerse, porque, a despecho del escepticismo y basado en experiencias anteriores, podemos afincar nuestros pies en la razón y afirmar: el mercado potencial es inmenso, mucho mayor de lo que nuestras expectativas más optimistas nos sugieren.

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Basta creer en un ingrediente que nuestro mercado no utiliza: la propaganda

Célio Ramos es publicitario y director de Marketing y Planeamiento de la EM&T – Escola de Música & Tecnologia.

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Opinión: El futuro de la industria musical no está en los algoritmos, sino en el criterio

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La industria musical atraviesa un momento de transformación profunda. 

Después de años marcados por la digitalización acelerada, el crecimiento del e-commerce y la explosión de datos disponibles, el mercado enfrenta hoy una paradoja evidente: nunca hubo tanta información ni tantos productos disponibles, y sin embargo, cada vez resulta más difícil generar tracción real y rentabilidad sostenida.

Estamos viviendo lo que considero la Paradoja del Catálogo Infinito. Muchas marcas y distribuidores creen que ampliar indefinidamente su oferta digital equivale a ganar mercado. En la práctica sucede lo contrario: miles de SKU disponibles terminan inmovilizando capital en productos que no rotan. La industria dejó de funcionar como una cadena lineal para convertirse en una red dinámica, saturada de ruido y con poca señal clara. En ese escenario, la ventaja competitiva ya no está en tenerlo todo, sino en saber qué filtrar.

Quien no logre construir una propuesta basada en certeza operativa será absorbido por la escala logística de los grandes actores globales.

Data limpia: menos información, más claridad

El problema actual no es la falta de datos, sino su toxicidad. Las empresas acumulan métricas, reportes y dashboards, pero muchas veces carecen de un criterio que permita interpretar qué información realmente importa.

La Data Limpia consiste en auditar cada movimiento del negocio bajo un principio simple: eficiencia real. Implica diferenciar qué parte del inventario representa patrimonio de marca y qué parte es simplemente lastre financiero. Sin esa distinción, ninguna herramienta tecnológica —ni siquiera la inteligencia artificial— puede corregir el rumbo.

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Aplicar este concepto significa revisar inventarios, relaciones con artistas, desempeño de puntos de venta y rotación real del producto. Menos catálogo puede significar más salud financiera, siempre que ese “menos” responda a la demanda auténtica del mercado.

La inteligencia artificial como puente, no como reemplazo

La inteligencia artificial llegó para quedarse, pero su rol está siendo mal interpretado. La IA es extraordinaria para el análisis predictivo: puede anticipar fallas logísticas, detectar patrones de consumo o identificar tendencias emergentes antes de que se vuelvan evidentes.

Lo que no puede hacer es desarrollar criterio.

La IA no entiende por qué un instrumento transmite historia, identidad o legado cultural. No posee lo que llamo “criterio de luthier”: esa capacidad humana de reconocer valor más allá de la especificación técnica.

El futuro de la industria pertenece a un modelo híbrido —un “centauro”— donde conviven el instinto del profesional experimentado y la potencia analítica de la tecnología. La IA debe liberar tiempo administrativo para que las personas vuelvan a concentrarse en decisiones estratégicas y culturales.

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La nueva autoridad de marca

El mercado también cambió la forma en que las marcas construyen relevancia. Ya no alcanza con presencia ocasional en ferias o lanzamientos aislados. Hoy una marca necesita emitir una frecuencia constante de autoridad.

El comprador actual está hiper informado. Investiga, compara y llega al punto de venta con un conocimiento técnico previo considerable. En este contexto, la marca debe ofrecer algo más que producto: debe ofrecer conocimiento, coherencia técnica y una logística impecable.

La confianza ya no se construye únicamente con marketing, sino con consistencia operativa.

Limpiar el sistema para recuperar rentabilidad

Uno de los mayores obstáculos actuales no es tecnológico, sino cultural. Muchos procesos administrativos siguen funcionando con lógicas de los años noventa en un mercado completamente distinto. Ese desfase genera ineficiencia, costos ocultos y pérdida de competitividad.

Profesionalizar la industria implica eliminar el ruido operativo para que la tecnología pueda amplificar lo que realmente importa: decisiones claras, flujo de caja saludable y relaciones sólidas con el mercado.

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La experiencia acumulada durante décadas trabajando con marcas globales enseñó qué funciona. Hoy la tecnología ofrece la posibilidad de aplicar ese conocimiento a escala.

El rol del Brand Manager en la era digital

Contrario a lo que muchos creen, el auge del e-commerce vuelve al Brand Manager más relevante que nunca. Las plataformas digitales tienden a convertir todo en comparaciones de precio. Sin una gestión consciente, cualquier marca corre el riesgo de transformarse en commodity.

El Brand Manager es el custodio del legado: quien asegura que la identidad, el valor técnico y la narrativa de la marca sobrevivan dentro del entorno digital.

La relación con artistas sigue siendo humana

La automatización puede optimizar procesos, pero no puede reemplazar relaciones auténticas. El vínculo con artistas nunca será automatizable porque se basa en confianza técnica y respeto mutuo.

Los endorsements reales nacen del conocimiento compartido, no de algoritmos. Cuando la relación se vuelve impersonal, la marca pierde su dimensión cultural.

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Un consejo para la nueva generación

Quienes ingresan hoy a la industria deberían recordar algo esencial: este negocio no comienza en una planilla de Excel. Empieza en el contacto directo con la música.

Tocar instrumentos, visitar depósitos, entender cómo circula el producto y conversar con músicos permite comprender que detrás de cada número hay personas, creatividad y pasión. Sin esa conexión, cualquier análisis pierde sentido.

Liderar la transición

El desafío hacia adelante no es sobrevivir a la tecnología, sino liderarla con criterio. La profesionalización extrema del sector pasa por combinar experiencia humana, inteligencia de datos y decisiones estratégicas claras.

El futuro de la industria musical no dependerá de quién tenga más algoritmos, sino de quién sepa utilizarlos para reducir el ruido y devolverle protagonismo a lo esencial: la música, las personas y el conocimiento que conecta ambos mundos.

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Fender nombra a Edward “Bud” Cole como nuevo CEO

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Fender Musical Instruments Corporation (FMIC) anunció el nombramiento de Edward “Bud” Cole como nuevo Chief Executive Officer (CEO) y miembro del Consejo de Administración de la compañía. 

Cole asumirá inicialmente como CEO-Designate el 19 de enero de 2026 y tomará oficialmente el cargo el 16 de febrero de 2026, sucediendo a Andy Mooney, quien se retirará tras una década al frente de la empresa.

Actualmente, Cole se desempeña como presidente de Fender Asia Pacific (APAC) y cuenta con una trayectoria internacional de varias décadas en marcas de los sectores de consumo, lifestyle y lujo. Durante sus diez años en Fender, lideró la expansión de la compañía en 14 países de la región Asia-Pacífico, fortaleciendo la presencia global de la marca.

Entre sus principales logros se destacan la creación de la sede regional de Fender en Tokio, la expansión de las operaciones en China y Corea, el desarrollo de estrategias direct-to-consumer vía e-commerce y la apertura de la primera tienda flagship de Fender en el mundo, en Harajuku, Tokio.

El presidente del consejo de FMIC, Mark Fukunaga, afirmó que Cole es “uno de los líderes más influyentes dentro de la organización” y destacó su capacidad para impulsar la próxima etapa de crecimiento global de la marca.

Por su parte, Andy Mooney, quien desde 2015 más que duplicó el tamaño de la empresa y lideró la entrada de Fender en el negocio de software por suscripción, señaló que “es el momento ideal para pasar la posta” y expresó su confianza en el nuevo liderazgo.

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El nombramiento marca el inicio de una nueva etapa para Fender, con foco en seguir ampliando su presencia global y su vínculo con músicos de todo el mundo.

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Tendencias de gestión para 2026 que las tiendas de música deben adoptar

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Eficiencia operativa, inteligencia de datos y cultura de servicio impulsan el nuevo ciclo del retail musical.

El sector de instrumentos musicales entra en 2026 con desafíos claros: consumidores más informados, márgenes ajustados, competencia digital global y cadenas logísticas que siguen adaptándose tras años de disrupciones.

Para mantenerse competitivas, las tiendas especializadas necesitan transformar su gestión interna, no solo su marketing o fuerza de ventas. A continuación, las tendencias clave de gestión empresarial que definirán al retail musical en 2026 —y cómo aplicarlas.

1) Gestión basada en datos (Data-Driven Retail)

La intuición deja espacio a la evidencia.

Qué implica

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  • KPI de rotación por categoría (guitarras, audio, teclados, percusión)
  • Margen por proveedor y SKU
  • Datos de abandono, recompra y ticket promedio
  • Análisis de inventario vs. estacionalidad

Herramientas recomendadas

  • CRM
  • ERP conectado a e-commerce
  • Paneles de BI simplificados

Objetivo: decisiones más precisas y compras inteligentes.

2) Reducción estratégica de inventario

No es tener más productos, sino tener los correctos.

Prácticas para 2026

  • Curaduría de catálogo basada en rotación
  • Menos SKUs poco rentables
  • Modelos de consignación con marcas
  • Forecasting basado en datos históricos + estacionalidad (inicio de clases, festivales, fin de año)

Resultado: menos capital inmovilizado y flujo de caja más saludable.

3) Cultura de servicio y experiencia

El cliente ya no compara solo precio; compara trato, soporte y confianza.

Foco en:

  • Onboarding del cliente tras la compra
  • Programas de lealtad real (clases, mantenimiento, ofertas premium)
  • Protocolos de atención claros y medibles
  • Guías internas para demos, lenguaje y experiencia en tienda

Diferenciador: la tienda deja de ser un punto de venta y se vuelve centro de acompañamiento musical.

4) Profesionalización del equipo

La industria musical tradicionalmente depende de talento apasionado, pero 2026 exige capacitación formal y metas de desempeño.

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Acciones

  • Plan de formación: ventas consultivas, audio, mantenimiento básico
  • Evaluaciones trimestrales y objetivos medibles
  • Bonificación por satisfacción del cliente y no solo por ventas

5) Servicios integrados como modelo de negocio

El valor no está solo en el producto.

Nuevos pilares

  • Luthiería y mantenimiento
  • Alquiler y test-drive extendido
  • Escuela de música integrada
  • Oficinas privadas de ensayo
  • Servicio técnico pro-audio e informática musical

Esta diversificación reduce dependencia de ventas puros y fideliza clientes.

6) Alianzas estratégicas

En lugar de competir en solitario, las tiendas ganan al conectarse con el ecosistema:

  • Productores locales
  • Escuelas y profesores
  • Salas de conciertos e iglesias
  • Influencers y creadores
  • Marcas boutique y luthiers

7) Digitalización operativa y automatización

Menos tareas repetitivas, más foco en el cliente.

Ejemplos

  • Inventario automatizado
  • Sistema de tickets para postventa
  • Confirmaciones automáticas vía WhatsApp
  • Integración catálogo–facturación–envío

8) Enfoque financiero conservador y resiliente

La estabilidad es clave en 2026.

Buenas prácticas

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  • Reservas financieras equivalentes a 3–6 meses de gastos fijos
  • Créditos negociados con proveedores
  • Plan de compras estacional
  • Auditorías semestrales

Las tiendas de instrumentos musicales que prosperarán en 2026 serán aquellas que combinen:

  • Visión estratégica + control operativo
  • Tecnología + cultura de servicio
  • Diversificación + eficiencia
  • Formación del equipo + proximidad con la comunidad

El instrumento ya no se vende solo por pasión; se gestiona con disciplina, información y experiencia humana.

El mensaje clave del año: “Profesionalizar sin perder el alma musical.”

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