Music Business
Industria musical: Las nuevas reglas del juego
Ama la música, y aprende sobre el negocio y la industria
Ante la revolución digital los grandes sellos discográficos han perdido relevancia en muchas áreas siendo su punto más fuerte su poder de inversión e influencia, los mismos ya no están invirtiendo tanto en en él área de desarrollo, como esto es un negocio se enfocan más en el descubrimiento de talentos ya rentables.
Muchos artistas aún siguen el patrón de antes poniendo todo su esfuerzo en la creación de su arte, bajo la ilusión de que hacer esto será suficiente para ser encontrados por un inversionista, pero en esta nueva era de la música ya no se debe solo esperar que los encuentren y los elijan, deben autoelegirse y tomar el guía de su barco.
La creciente industria de la música no sólo está reflejada en ventas globales, generando 17.500 millones de dólares en 2017 según información de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica, sino también en el surgimiento de una nueva generación de creadores conocidos como los artistas emprendedores.
Fuera de la pasión por la música que mueve a crearla es también un negocio que primero necesita inversión, una buena marca, (el artista), un buen producto (la canción), conocer de donde ganar ingresos (music Business) y un buen marketing para vender correctamente esto al público ideal.
“El artista de ahora debe ser: autosuficiente, multidisciplinar, comprometido y perseverante“
La buena noticia para artistas independientes es que la mayoría de las funciones de los sellos discográficos ya están al alcance de sus manos: creación, gestión de derecho de autor, licencias editoriales, distribución y la promoción a bajo costo gracias a la era digital y por último la explotación.
Muchos artistas al ser firmados sienten que se estancan y que pierden su libertad creativa, se han dado casos donde al entrar a grabar temas y luego no estar presentes en la mezcla y producción al recibirlo no era lo que se imaginaban, una vez firmas tienen la postestad de sugerir cambios y las fechas de sus lanzamientos.
Sam Smith cuando ganó los Brit Awards en 2015 dijo que tenia el equipo, el dinero, la discográfica – todo lo que un artista desea – pero aun así, no podía hacerlo… hasta que despidió a todo el mundo e hizo la música que resonaba en su interior.
El artista no había encontrado su lado ingenioso hasta que dejó de intentar crear música para la industria y comenzó a hacer la música que deseaba hacer – música que sólo él podía hacer-. Una canción acerca de ser solitario, gay y soltero en Londres. Su corazón estaba roto. Y escribió acerca de eso.
El resultado de esto fue que ganara 4 Grammys, tuviera éxito en el Billboard, y sus canciones se volvieron virales. Y todo gracias a que tuvo el coraje suficiente para hacer la música que tenía que hacer.
Los sin discográficas lograron generar 643,1 millones de dólares en 2018, aumentando un 35% por encima del 2017.
¿Entonces que tan importante es que te firmen?
Según la encuesta de “Independent Artist: The Age of Empowerment” informe realizado por MIDiA:
- El 37% de los Artistas independientes: piensa que no es importante – 34% mantiene una posición neutral – 29% considera que es importante.
- Artistas de discográficas: 17% piensa que no es importante – 30% mantiene una posición neutral – 52% considera que es importante.
Autogestiónarse implica más trabajo, menos exposición pero más libertad.
Firmar con una casa disquera sigue siendo una buena opción pues se tendrá más capital de inversión, mayor exposición, tener un equipo que se dedique a vender su arte mientras el artista se dedica a crear , pero también mayor limitación ante su propia obra.
Pero para aumentar esta posibilidad se debe tener una propuesta de valor que los desmarque del resto y una audiencia cultivada
Los que poseen y controlan la parte creativa y comercial de sus carreras es una cantidad reducida, pero están creciendo en número, haciendo grandes aportes a la industria.
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Millones de buenos artistas y canciones no han logrado ver la luz o han quedado estancados por depender de terceros ante el desconocimiento de las oportunidades para proyectar sus carreras artísticas más allá de ser firmados.
“En el caso de algunos artistas dominicanos no alcanzan la internacionalización por el desconocimiento de la industria y el mal manejo de muchos pseudoManagers que no conocen el negocio y solo están para coger teléfonos y cobrar un por ciento, además de que la mayoría de urbanos utiliza las mismas estrategias de lanzamiento invirtiendo solo en sonar con DJS, hay poca creatividad, inversión y cultivo de las tan importantes relaciones con el público”
“La música es impredecible por eso la pasión por la misma es necesaria para poder persistir insistir y no desistir, y conociendo cuáles son los pasos correctos aumenta la posibilidad de alcanzar esos objetivos”
Music Business
Deezer lanza Remix Lab y lleva los remixes al streaming con autorización de artistas
La herramienta debuta en Francia dentro de Deezer Club y permite que fans reinventen canciones respetando derechos de autor.
Deezer presentó Remix Lab, una nueva herramienta integrada en su aplicación que permite a usuarios crear remixes de canciones seleccionadas de sus artistas favoritos. El recurso fue lanzado inicialmente en Francia, dentro del programa Deezer Club, y deberá expandirse a otros países en los próximos meses.
La plataforma define Remix Lab como el primer recurso de remixes dentro del ecosistema de streaming musical desarrollado con autorización previa de los artistas y respeto a los contratos de los titulares de derechos. La propuesta busca responder a un comportamiento cada vez más común entre las nuevas generaciones: modificar, reinterpretar y compartir canciones en entornos digitales.
Según Deezer, los usuarios podrán participar en desafíos dentro del app y aplicar cambios simples o más elaborados a canciones de artistas como Céline Dion, Tiakola, Alonzo, Ronisia, Mosimann, Zaho y Alain Souchon.
Remixes dentro de una estructura legal
La herramienta permite modificar canciones con recursos como cambios de velocidad, reverberación, efectos y transformaciones de género o estilo musical. Para Pierre Trochu, Head of Product de Deezer, el objetivo fue crear una experiencia simple y accesible.
“Con pocos clics, los usuarios pueden reimaginar y redescubrir una canción que ya conocen y aman”, señaló.
Uno de los puntos centrales del proyecto está en la remuneración. Todo remix es creado con consentimiento del artista, y los streams generados por las nuevas versiones son atribuidos a la obra original. De esta forma, cada reproducción contabiliza para los titulares correspondientes.
Deezer afirma que esta estructura busca ofrecer una alternativa ética a un hábito ya presente en redes sociales. La empresa señala que parte importante del contenido musical compartido en plataformas como TikTok ya circula en versiones modificadas por usuarios, muchas veces sin generar ingresos sistemáticos para artistas y titulares de derechos.
Deezer Club y expansión global
El Remix Lab está disponible inicialmente para los suscriptores de Deezer Club en Francia, un programa que reúne experiencias, beneficios y ofertas exclusivas, como entradas para conciertos, acceso especial a rebajas, productos exclusivos y desafíos para los fans.
Los remixes seleccionados se incluirán en una lista de reproducción especial de Deezer. Los participantes elegidos también recibirán entradas para el evento Purple Door en Francia, así como merchandising relacionado con el artista cuya música fue remezclada.
Para Alexis Lanternier, CEO de Deezer, esta herramienta refuerza la visión de la plataforma de crear experiencias más participativas en el streaming.
“Este lanzamiento solo fue posible gracias a la participación de los artistas, respetando plenamente sus derechos y maximizando los ingresos por cada tema”, afirmó.
Music Business
El etiquetado de IA llega al streaming y presiona al sector
Una nueva etiqueta podría convertirse en una regla de transparencia en el streaming. El etiquetado de IA entró en la agenda del mercado musical de Estados Unidos con una propuesta para distinguir grabaciones generadas por inteligencia artificial de las asistidas por…
Una nueva etiqueta podría convertirse en una regla de transparencia en el streaming.
l etiquetado de IA entró en la agenda del mercado musical de Estados Unidos con una propuesta para distinguir grabaciones generadas por inteligencia artificial de aquellas asistidas por IA. Para quienes operan catálogos, derechos, distribución o licencias en América Latina, el punto no es estético: se trata de saber qué se está entregando, autorizando y mostrando en las plataformas.
La RIAA presentó un programa voluntario para separar los dos tipos de pista, y la IFPI confirmó el diseño de las etiquetas AI-Generated y AI-Assisted. En América Latina, la discusión llega a un territorio complejo: mercados con marcos regulatorios distintos, sistemas de gestión colectiva con diferentes niveles de desarrollo, fuerte dependencia de plataformas globales y una industria que todavía enfrenta desafíos de trazabilidad, documentación y reparto de ingresos.
El efecto práctico aparece en la próxima decisión de plataforma, contrato o política de catálogo. La cuestión ahora es cómo este etiquetado puede influir en lo que entra al streaming, qué pasa a exigir consentimiento y qué nivel de rastreo deberán tener sellos, distribuidoras, editoras y agregadores.
Cómo el etiquetado separa la grabación generada y la asistida por IA
El catálogo decide antes que el discurso. El sello de la RIAA separa pistas AI-Generated y AI-Assisted. Plataformas, distribuidores y titulares de derechos comienzan a tratar productos distintos desde el ingreso del contenido. El programa es voluntario, pero cambia el criterio de quién elige qué entra al feed, qué aparece en el escaparate digital y qué exige verificación adicional.
La RIAA diseñó la propuesta para distinguir grabaciones generadas por IA de las solo asistidas. La IFPI confirmó el formato de las etiquetas. La separación llega a dos campos que pesan en la distribución: el origen de la grabación y el nivel de intervención tecnológica.
La decisión se complica en América Latina porque la cadena de entrega no siempre opera con el mismo nivel de formalización. Un catálogo puede pasar por artistas independientes, agregadores, sellos locales, editoras, sociedades de gestión, plataformas internacionales y acuerdos territoriales. Si el marcado no queda claro desde el inicio, el problema se traslada a la licencia, al reclamo de derechos o al retiro posterior de contenido.
Quien hospeda o licencia necesita saber dónde cae la clasificación: en la entrega del archivo, en el registro de metadatos, en la capa visible para el usuario o en la documentación interna del distribuidor. Una clasificación laxa abre errores de cumplimiento, genera conflictos con socios que exigen trazabilidad y debilita la posición de los titulares cuando aparece una disputa. La próxima prueba es de implementación, no de concepto.
Lo que la propuesta de EE. UU. señala para América Latina
El movimiento de la industria estadounidense funciona como referencia para una discusión que América Latina no podrá evitar. Aunque cada país avance por vías distintas, la presión llegará por los mismos puntos: plataformas, contratos de distribución, reclamos de titulares, licencias internacionales y políticas de catálogo.
La región ya convive con debates sobre inteligencia artificial, derechos de autor, uso de voces, entrenamiento de modelos, consentimiento y remuneración. En algunos países, las entidades de gestión colectiva y asociaciones del sector musical han empezado a pedir mayor transparencia y protección frente al uso de obras, grabaciones e interpretaciones en sistemas de IA. En otros, la discusión todavía está más cerca del terreno contractual que del regulatorio.
El punto común es operativo. Si una pista llega a una plataforma sin claridad sobre su origen, alguien tendrá que responder por esa falta de información: el artista, el sello, el agregador, el distribuidor o el servicio que la publica. La etiqueta no resuelve por sí sola el problema de derechos, pero puede convertirse en una primera señal para definir riesgos, permisos y responsabilidades.
Si la industria distingue grabaciones AI-Generated y AI-Assisted para plataformas y distribuidores, América Latina enfrentará la misma pregunta: ¿cómo probar origen, consentimiento y responsabilidad cuando una pista llega sin una base clara de creación humana? La respuesta no está solo en la etiqueta. Está en la documentación del proceso creativo, en los contratos, en los metadatos y en la capacidad de verificar la cadena antes de la publicación.
Contratos, plataformas y catálogos frente a una nueva exigencia
Para sellos, editoras, distribuidoras y agregadores de la región, el etiquetado anticipa una exigencia concreta: documentar mejor el pipeline de creación y entrega. Ya no alcanza con recibir un master, una portada y datos básicos de autoría. En contenidos con IA, será cada vez más importante saber si hubo generación completa, asistencia técnica, uso de voz sintética, entrenamiento con obras protegidas o intervención de herramientas que modifican la interpretación original.
El costo de publicar primero y preguntar después puede recaer sobre la próxima disputa de titularidad, el próximo reclamo de plataforma o la próxima negociación de licencia. En catálogos internacionales, el problema se amplifica: una grabación distribuida desde América Latina puede terminar circulando en mercados donde las exigencias de transparencia sean más estrictas.
Por eso, el debate no se limita a la regulación local. También involucra la capacidad de la industria latinoamericana para integrarse a estándares globales de identificación, trazabilidad y protección de derechos.
El etiquetado de IA no será solamente una marca visible para el usuario. Puede convertirse en una herramienta de clasificación interna para decidir qué se distribuye, qué se licencia, qué se monetiza y qué exige revisión adicional. Para América Latina, la pregunta ya no es si la discusión llegará. La pregunta es si la región estará preparada para aplicarla sin aumentar la confusión en una cadena de derechos que ya es compleja.
Music Business
Derechos de Iron Maiden: Pophouse amplía su apuesta por el catálogo
Un recorrido poco habitual entre el catálogo y la identidad visual de una banda de alcance global. Los derechos de Iron Maiden entran en una nueva fase con la entrada de Pophouse en la operación que reúne catálogo y name, image & likeness. Para el mercado, esto…
Un recorrido poco habitual entre el catálogo y la identidad visual de una banda de alcance global.
Los derechos de Iron Maiden entran en una nueva fase con la entrada de Pophouse en la operación que reúne catálogo y name, image & likeness. Para el mercado, eso vale menos como una curiosidad de bastidores y más como una señal de cómo los activos musicales pueden empaquetarse y negociarse.
El acuerdo, revelado por Music Business Worldwide, coloca en un mismo movimiento repertorio, nombre y uso de imagen, una combinación que suele ampliar el valor comercial del activo y estrechar el espacio para interpretaciones sueltas sobre lo que todavía puede ser licenciado. El punto ahora es entender qué sugiere este formato para negocios similares y dónde puede ajustar el margen de negociación.
¿Qué cambia cuando catálogo e imagen entran en el mismo paquete?
Un paquete que reúne catálogo, nombre e imagen pesa más en la negociación que una venta aislada de repertorio. El comprador se lleva canciones. Pero también se lleva la capacidad de licenciar marca, identidad visual y usos comerciales bajo una sola lógica de gestión.
Music Business Worldwide registró esta lectura al informar sobre la entrada de Pophouse en los derechos de Iron Maiden. La operación combinó catalog, name, image & likeness en un solo movimiento. La distancia entre lo que suena en las plataformas, lo que aparece en campañas y lo que puede convertirse en producto se acorta. El precio sube. El activo deja de ser solo fonográfico.
El efecto inmediato para quienes operan en el mercado es de criterio, no de estética. El comprador busca previsibilidad de explotación. Quiere menos fricción a la hora de cerrar campañas, sincronizaciones y licencias derivadas. La ingeniería del contrato cambia de forma.
¿Cómo puede influir este acuerdo en futuros negocios de licenciamiento?
Los acuerdos que juntan catálogo, nombre e imagen se convierten en referencia para rondas posteriores. La fragmentación contractual disminuye. Para sellos discográficos, editoras y gestores de derechos, la cuenta cambia. La negociación deja de tratar el repertorio como un activo aislado. Pasa a incorporar usos comerciales más amplios, con menos idas y vueltas en la aprobación.
El registro de Music Business Worldwide sobre la operación de Pophouse con Iron Maiden muestra ese diseño. Cuando un mismo paquete cubre catalog, name, image & likeness, el comprador gana alcance para estructurar campañas, activaciones y productos sin renegociar cada uso como un activo separado.
En Brasil, este tipo de operación presiona los contratos de licenciamiento. Es necesario detallar con mayor claridad el alcance, el plazo y la explotación de la marca. La lectura jurídica de la imagen y del repertorio no siempre avanza al mismo ritmo comercial. Quien compre sin amarrar esas fronteras puede descubrir tarde que la vidriera parece abierta, pero el uso real sigue trabado.
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